Un mundo de piedra


Peñas, peñones, peñicas, peñascos, canteras y areneros

En la cúspide de la Peña Lende (AGC). Peñas de Remolina al fondo.

Un elemento que llama la atención en el paisaje de Pallide es la piedra presente en sus gigantescas peñas, en sus humildes peñones, en las paredes de sus construcciones o en el cierre de fincas con kilométricas paredes hoy casi todas ruinosas.

Estamos en las estribaciones de los Picos de Europa y al lado del complejo de Mampodre montañas impresionantes de origen glaciar donde cántabros y astures pelearon contra los romanos.

La piedra no sólo ha sido un componente del paisaje, también ha servido como material de construcción. Los “canteros” fueron los profesionales que tallaron sus cantos y construyeron casas, cuadras, casetas e incluso un chozo completo. Las canteras y los areneros fueron explotados durante siglos, dejando hoy sólo unos restos a veces difíciles de identificar.

Peñas

Casi todas ellas son de naturaleza caliza salvo Llazo y Peñones Negros, de constitución arenisca. La humedad del paisaje ha ribeteado los peñascos y peñas con abundancia de vegetación que proporciona contrastes muy bellos. Hagamos un recorrido por ellas.  Partiendo desde Arianes nos encontramos a la derecha con la parte posterior de la Peña Lende (Tras de la Peña), con una subida suave hasta la cumbre donde se halla situada una cruz. La peña es vertical en su parte Norte y está rasgada por una vereda “pindia”, el huerto de la Isobana y por el paso de los Canalizos que descienden a Solapeña.

Volviendo atrás nos damos de frente con la parte posterior de la picuda Peña del Collado, con abundante cuevas. Siguiendo el camino viejo de Entrepeñas, dejamos a la izquierda la peña de tía Josefona antigua casa de los tejones y de los vencejos.  En esta peña se clavan los primeros rayos de sol cuando asoma por la peña de las Pintas, en terrenos de las Salas, por eso se denomina también Alba Buena. Siguiendo hacia el  Norte se extiende la peña Loja (posiblemente su nombre  provenga de longa) porque es alargada y curva. Sus suaves perfiles nos acercan a las tres peñas de Entre las Sierras, la Arbeyera, la del Medio. Se levantan cercadas por montes de roble y por el terreno de Fuenterrey.

Pared de piedra, escenario del Domund de hace muchos años (AGC)

Siguiendo la subida hacia Liébana, pasamos por la peña Liviana, territorio de  Orones y nos encontramos al Norte con la collada de Solle, formada por rocas discontinuas hasta la peña de la Cruz, que limita al Norte con Liébana y al Sur con Tresmonte.  A esta peña sigue el macizo rocoso enorme que corona todo el terreno de Remolina, del que recibe el nombre. Unos canalizos amplios y poblados de vegetales rompen la continuidad del bloque calizo.  El final de la peña  enlaza con el terreno de Solle y Linares, sobre la Majada de las Vacas.  Bajando hacia el río Remolina, dividiendo terrenos de Linares y Pallide, dejamos a la izquierda la pequeña peña del Villar, muy visitada por corzos y rebecos.

Ya en el río y siguiendo su corriente entre dos peñas: Peña del Campanario y peña de Juan Bueno vamos dejando a nuestra izquierda y con trazado perpendicular al camino y al río, las peñas que separan el Canal de la Madera de Linares por una parte y de Los Valles por otra, las que dividen los Valles y las Hemondas de Aguadón. Todas ellas coronan la pendiente hasta terrenos de Lois y Reyero. Allegar a los portales, siguiendo el arroyo que baja des de la cascada de la Junquera nos situamos frente a la peña                 dejando a la izquierda y  perpendicular a nuestra subida la que divide Aguadón de los terrenos del puerto de Reyero. Con ella terminamos el recorrido por nuestras peñas.

Y las peñas, inseparables de las cuevas. Hacemos un rápido recorrido. En la Peña Lende, la cueva donde sesteaban los sementales y las cuevas que utilizaban los tejones en los canalizos, hoy casi tapadas.

En la Peñicas, la mitológica Cueva del Oro de la que se contaba que llegaba hasta la Puente y en la que habría un  gran tesoro de los moros.

En la peña del Collao existen multitud de ellas, algunas nidos de aguilas o trampa para cabras osadas y otras inaccesibles sin una cordada. En la de tía Josefona, las cuevas de los tejones, situadas en un pequeño canalizo al oeste. En peña Loja, además de la cueva  de los Corderos a la que hemos aludido, existe una cueva profunda en todo lo alto, donde está un  centenario grajero, con restos de animales. Entre la Sierras, otra pequeña cueva también sestil de corderos.

En las peñas de Remolina existen multitud de ellas, sobre todo en la  Juan Bueno.  Cerca de la Junquera, la cueva del Arpa, en la que existían restos fosilizados de bivalvos. Y miles de pequeñas cuevas naturales refugio de alimañas, lagartos, ratones y pájaros

Peñones, peñascos y peñicas

No llegan a categoría de peñas por sus dimensiones pero están perfectamente identificadas como hitos de referencia. Siguiendo el mismo sentido de recorrido anterior nos encontramos con  los Peñones de la Fondoguina, rodeados de monte, de color negro y frecuentemente visitados por los rayos. La parte dominante de los mismos recibe el nombre de Peñón del Hombre. Justamente en la  parte posterior de la Peña Lende, otras dos líneas descendentes hasta el río Arianes de peñones negros guardan entre ellas cosechas frecuentes de arándanos.

Pontona de una losa de acceso a los portales de Remolina

Caminando desde la Fondoguina por la Cuerda del Moroquil, llegamos a los Peñones Negros que dan entrada a Grandapodre. Fueron frecuentemente tocados por el fuego encendido voluntariamente para recoger las cepas de las urces que los rodean. Al fondo y producto de su desmoronamiento se levantan, en el Llanico del Moroquil, los peñones de los sementales, llamados así por que fueron su lugar de siesta. Hacia el Este se extiende una pequeña formación caliza discontinua, las Peñicas, hasta terreno de Reyero en la que se encuentra la mítica cueva del oro.

Volviendo hacia el Collado  y cruzando hacia la otra parte del río, nos encontramos con el Peñón Ceacero, sobre las peñas de Entre las Sierras y que marca el paso de la vereda de Orones.  En la falda del Corón hacia el Pando, los peñones negros del Corón van indicando cada año la cobertura cada vez mas amplia del monte de roble que hoy ya los hace invisibles desde el pueblo.   Siguiendo el Pando bajamos hacia Llazo donde encontramos una garganta de caliza tallada por el reguero y otra formación de peñascos Negros, los peñones de LLazo.  Siguiendo desde aquí por el Colladin de los Dineros llegamos al peñón de Cotogarcía, donde se situaba la ermita de San Felices.

Virando hacia  el oeste en dirección a las Fuentes del Ferrero, encontramos la garganta de los peñones del tío Juan escavada por la bajada del Reguero.

La barrera actual, con nieve

En terreno de Remolina existen otros peñascos identificados. Comenzamos por la Sierra del Gato, que marca la entrada en Remolina, por el peñón sin nombre que corona el pozo y cascada del río y a cuyo pié nace la fría fuente de la Moneda, límite norte del terreno cultivado, el peñón del que nace la fuente del vaso y que sirvió de refugio y sombra a los pastores durante el sesteo de las ovejas; el peñón de Santa Eugenia,…..

Y miles de peñascos, unas veces utilizados como mojones, referencias de fincas, poyo y muchas veces rocas en el suelo que había que romper con gran esfuerzo de pico y barrenas para ampliar la superficie de siembra y evitar la rotura de los arados.

Canteras y areneros

Los elementos de construcción eran la piedra, la cal que se transportaba en carros desde el calero de las Cuevas y la  arena para hacer la masa. El ladrillo, yeso y cemento se incorporaron recientemente a esos clásicos materiales.

La piedra se sacaba de las canteras a base de barras, picos, barrenas, pinas, mazas y dinamita. Se realizaba un agujero en la roca con barrena y golpes de maza, se sacaba el polvo resultante con una espátula curva de espino, se introducía el cartucho con su mecha y el fulminante, se encendía la mecha, se ponía la gente a cubierto y la explosión cuarteaba la roca. Sostener y hacer girar la barrena al ritmo de  los fuertes  golpes de la maza, era también un trabajo odiado por los niños. Desde allí se cargaba en carro o carroño hasta el lugar donde los canteros, varios originarios de Primajas, Orones y Viego pulían y labraban las esquinas o los dinteles y construían las paredes. El pinche, armado con una “cabra” sobre el hombro acercaba la masa.

Otras veces se sacaba la piedra con simples barrenas aprovechando las estrías  y vetas de la piedra o se dividía con mazas de hierro. En ocasiones se recogía la piedra suelta para el firme de los caminos o las paredes de las fincas. De las Tajadas se trajo toda la piedra que reafirmó el camino de las Cuartas. En la parte alta y posterior de la Peña Lende todavía se encuentran restos de ruedas pequeñas de los molinos, que se tallaban a mano aprovechando trozos de roca graníticos. Muchos de los artesos donde comían los cerdos están escavados en bloques de piedra. Poyos de asiento, paredes de pilones, losas para cantarillas y pontonas, adornos como los del pilón, amarres para atar las caballerías, incluso partes de los antiguos caminos de Linares y Remolina, aún conservan un empedrado que no tiene nada que envidiar a las calzadas romanas. Incluso existieron dos arcos de piedra, además de los de la Iglesia, uno de ellos se conserva aún en casa de Lisandro y otro está desmontado cerca de la barrera y aparece en alguna foto antigua del pueblo.

Cito algunas de estas canteras. En los Nasos, en su vertiente umbría, cerca del río. Tras del Collado, inmediatamente detrás de su peña; en la salida de Entrepeñas hacia la Bargaña, en la misma base de la peña; en la sierra del Pandico; en la zona caliza de Entre los Molines; en las Tajadas; en la parte posterior y baja de la Peña Lende, en la zona baja del Espinaredo al límite con las Congosturas; detrás de la Iglesia,…….

Antiguo arco de piedra en la Barrera. Al frente un mayo y peña Lende

Los areneros proveían de arena muy útil para la construcción y también de    grijos  compactos y permeables  para asentar las calles o corrales. En el Collado existían tres areneros: uno en la parte posterior de la peña, otros dos a ambos lados dela carretera actual. El arenero más importante estaba en Llazo, al lado del camino de los Regueros. Sigue explotándose  algo en la actualidad y es claramente visible su perímetro. Desde los areneros se cargaba la arena con palas en el carro, se llevaba a casa y, mediante una criba, se cernía para mezclarla para la masa de construcción o de revoque.

Cuando se visitan los gigantescos y espectaculares monumentos de Oriente Medio, construidos de adobe y barro cocido hace casi cinco mil años, uno espera que, con mayor garantía, permanecerán estos monumentos más humildes, construidos con piedra.

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