Rincones de vida 3

Rincons de vida 3

Moroquil es una de las muchas palabras que en nuestra tierra tiene su origen en el idioma vasco. Significa lugar denso o embrollado. Puede referirse por tanto a los piornales, urces, escobales y espinos que lo pueblan. También moroquil se llama en Álava a una sopa de maíz. Es un nombre muy repetido en muchos lugares de España.

El Moroquil es la zona mas vista del pueblo. Desde cada casa y cada calle se divisa al fondo teniendo como horizonte las Grandas de Pardomino. Resulta imposible pasar un día en el pueblo sin otear su verdor en primavera y su color ocre en el otoño. Su terreno marcaba la frontera con el de Lodares exactamente por un camino que es la espina dorsal de una cañada, por donde pasaban los rebaños que finalizaban su trashumancia leonesa en los puertos de Anciles,  Lois o Maraña. Ese mismo camino era utilizado en los meses de septiembre para subir a Pardomino desde el Moroquil. Allí se subía hasta la década de los cincuenta a recoger leña, sobre todo cepas de urces y también madera de robles para construcción y útiles de trabajo. También hubo allí pasto de novillas y chozo. El mismo nombre de Pardomino ( par /dominium) indicaba terrenos en los que tenían parte muchos pueblos de la zona, entre ellos Pallide.

Los hombres salían casi de noche a preparar las cepas y la leña. Las mujeres y los niños, sentados en el cillero, con dos parejas en cuarta, subíamos lentamente por el camino hasta dar fin en la cima, después vencer una fuerte cuesta en curva ( el barguetón o braguetón), hoy señalada también en la pista del pinar de reforestación.

Volviendo al Moroquil. Hay varios moroquiles. Está el “llanico del Moroquil”, prácticamente en el centro y, como su nombre indica, una llanada de descanso. Después está “La cuerda”, el límite con Lodares. Rodea el Moroquil la Punta de la Peña hacia el oeste; bajo los peñones negros se extienden peñascos desprendidos de la cima y abundante escobal y en la cima hacía el este, la llanura de Grandapodre, con sus lagunillas..

Durante estos años se han hecho mejoras eliminando la zona más embrollada. Hoy, los portales situados junto a Fonfría han cambiado la perspectiva de la entrada. Su vegetación, además de espinos, escobas y  piornos, la forman herbazales variados y cervunas finas.  Su problema reside en que no existe más que una pequeña fuente en la zona de Grandapodre y el escaso riachuelo que baja de allí, se seca por el verano. Las vacas terminaban bebiendo en el reguerillo que baja de Fonfría, a la entrada del Barranco de Socollada o en el mismo río en la Puente.

No obstante ha sido una zona muy explotada para el pasto. Era el lugar habitual de las veceras de vacas y de los entrepanes. Aunque el nombre de entrepanes se refiere a terrenos pastados entre tierras de cereales. Las veceras se organizaban desde mayo. A la de vacas se unían la mayor parte de ganado adulto, salvo las que estaban trabajando o recién paridas. Salían desde el pueblo pastoreadas por dos vecinos mayores por orden de casas y número de vacas. Cada vaca en la vecera era un día de guardia.

Se iban juntando casi un centenar en la Era del Barrio y, ya todas juntas y frecuentemente muy peleadas,  cogían el camino de la Puente y echaban la mañana y después la tarde en la zona del Moroquil, hasta que se abrían los pastos de las Traviesas el día de Santiago. Había muchas vacas de un solo cuerno, que solía perderse por la lucha en las angosturas de los Ejidos de la Puente.

Además de terreno común para las veceras, el Moroquil, cuando ya terminaron las veceras, se abría para las vacas de particulares. Era un lugar de pastoreo muy solicitado sobre todo cuando los pastores éramos niños, porque era extenso y no había que cuidar fincas particulares. Lo mismo sucedía en los Nasos. Además porque solíamos coincidir varios pastores que acortábamos la tarea aburrida de cuidar las vacas con juegos, peleas y exploraciones.

Hoy es un terreno cercado con alambradas y su pasto se arrienda al mejor postor, generalmente ajeno al pueblo. Ya no pastan allí vacas de Pallide cuidadas con amor por pastores y pastoras del pueblo.

La barrera

Geográficamente la barrera esta situada en la parte alta del pueblo, en la mitad justa del barrio de arriba.  Estaba formada por una calle que da origen a una cuesta que desciende hasta el pilón separada transversalmente por dos paredones de piedras grandes e irregulares. Estos paredones evitan

el desprendimiento y actúan como caminos de entrada hacia la cuadra de Santos y el antiguo bar y casa de María la de tía Faustina, hoy casa de Merce.

La reguera que nace en la canal y la Ternalera atravesaba por el centro, de norte a Sur, la barrera, dejando a su lado derecho el portal de Vicente y el toril.

Hoy, el aspecto físico ha cambiado. Se ha enterrado la reguera, se ha urbanizado la subida y la calle, se ha construido una nueva casa, se han restaurado los dos muros y, sobre todo, se han plantado árboles.

La barrera era el centro de reunión de las beceras de ovejas y corderos en su camino unas hacia Tresmonte y otros hacia peña Loja. En la parte baja de la barrera el toro cumplía su función reproductiva. También en la parte inferior, cerca del pilón, se juntaban las novillas los días que bajaban al pueblo para subir de nuevo hacia los portales por el Camino Blanco.

Pero la barrera era algo más que lugar de reunión de animales  y un lugar geográfico del pueblo. Era el centro de reunión de los vecinos varones sobre todo del barrio de arriba.   En los largos días de invierno y en los escasos momentos de ocio en otras estaciones, sobre todo en los días de fiesta, aprovechando la pared de la casa y corte de Manolo y Juaco, que defendían el lugar del viento del Norte, se reunían vecinos varones, con sus varas o porracas, con las madreñas que marcaban un círculo en la nieve o el barro girando sobre el taruco trasero, sentados en el poyo o de pie. Casi todos fumaban; otros folgaban con la navaja y todos miraban y conversaban.

Y esas reuniones constituían el observatorio de entradas y salidas, de subidas y bajadas de misa y Rosario, se vigilaba la calle principal y la salida hacia Reyero por el Solcuarto, se constituían foros informales de debate, se corrían rumores sobre amores, economía y trabajo, se programaban bromas y se contaban chistes, se discutía sobre los temas candentes de la política local y nacional, en definitiva se convivía, se hacía pueblo. Era el centro laico que competía con las reuniones formales de la Iglesia, el otro centro de reunión del pueblo.

Allí se fueron contabilizando al alza camiones, coches y tractores que subían y bajaban o pasaban a Reyero y a la baja burros, vacas, vecinos.

Los habitantes de otros barrios también se incorporaban  a veces, pero la bolera frente a la casa rectoral o la salida del pueblo junto a la escuela, era otro lugar de reunión alternativo pero menos frecuentado. Después, el bar fue sustituyendo a la barrera.

Hoy la despoblación ha vaciado el pueblo y también la barrera, que se mantiene como un recuerdo entrañable para los que la vivimos. El trabajo del campo y del ganado son tareas muy individuales que posiblemente expliquen el individualismo de las gentes del campo, pero estos lugares de reunión cooperaban a formar, como las hacenderas o las fiestas,  la urdimbre colectiva que constituía el pueblo.

Machorras 2011

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