Recuerdos y personas I

Se ve pero no se huele la Reguera

Personas y recuerdos I


El tío Ramiro

El coche de Catalina

Paco el pastor

La cruz de la peña Lende

Tío Macario y tía Presenta

La tía Caya

Las truchas de Remolina

La Reguera

El burro inteligente

Cine en la escuela

Emergencia desde Viego

Las fugas de Sar  y Alberto

La perra y el palo

Los primeros veraneantes

Demetrio, el artista

Ángel, el coleccionista


Personas y recuerdos II


Recuerdo de un maestro.

Los vecinos de Linares

Pepe, el cartero

Florentino y el manco

Despeñamiento de corderos

Los rayos

La Cueva del Oro

La canal

Historias de solidaridad

Los perdones

Los jóvenes ausentes

Los cangrejos

Leyendas de animales

Los dichos de tío Maximiano.

Las técnicas de tío Epulpino

Antón y el pilón

La doctrina

Los gamusinos

El rescate en la peña Lende.

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En las siguientes dos breves entradas voy a abordar recuerdos más personales del pueblo y de sus habitantes. Pequeñas historias, nombres propios, lugares insignificantes, sucesos desapercibidos que se han conservado en la memoria del autor y que, con cariño y respeto, ofrezco para compartir. Me gustaría, como hasta ahora, completar las lagunas propias con los recuerdos de otras personas.

Desde el pilon de Fonfría

El tío Ramiro

Era de Vegamián, pero pasaba mucho tiempo en Pallide porque tenía familia en casa de Alfredo y amistad con Melquíades. Vivía sólo, su mujer estaba en Francia, y se dedicaba a la apicultura, las setas, la pesca y la caza. De ello vivía. Siempre acompañado de su pipa. Era una persona muy culta en temas de agricultura e historia. Había tenido un puesto de importancia en la República y sufrió en sus carnes la represión posterior por ello. Aunque era agnóstico y republicano, mantenía una relación cordial con los guardias civiles de Vegamián con quienes jugaba reñidas partidas de bolos y con los curas con los que mantenía duelos a las cartas. En Pallide escuchaba la Pirenaica con Melquíades y, con prudencia pero sin ocultarlo, mantenía y expresaba sus opiniones políticas y su crítica al régimen del momento. Conocía el nombre científico de todas las setas, árboles y frutos del campo y el comportamiento de las abejas, que intentó introducir en Pallide.

Fue un conversador agradable y respetuoso y un buen compañero de caza y de la pesca a caña. Ya en la democracia, tuvo que trasladarse de Vegamian al construir el pantano del Porma, se revisaron sus juicios y se le compensó económicamente en relación con el cargo anterior. Sé que se fue hacia Alicante, creo que se casó, pero no tengo noticias de sus últimos tiempos.

El coche de Catalina.

Catalina García González  nació en Lillo.  En 1908 estableció la primera línea de coche de caballos entre Cofiñal y Boñar. En 1925 es la primera mujer que obtiene el carné de conducir en España. En 1928 inicia con un Hispano Suiza la línea regular y el correo entre Cofiñal y Boñar.  En los años 40 vende su empresa a López.

Personalmente viajé cientos de veces en el autobús que se cogía en las Cuevas o en Vegamián, a donde se llegaba en burro o andando. El autobús llevaba las maletas en la vaca. En invierno, el recorrido era un auténtico safari, debido a la nieve, el hielo y el mal estado de la carretera y la proximidad constante de un río abundante por los deshielos. Pero casi nunca nos dejó en el camino. Para los que estábamos fuera, el coche de Catalina fue receptáculo de tristes despedidas y alegres encuentros, en la marcha y llegada de vacaciones. El coche línea, además de pasajeros y correo, llevaba todo tipo de encargos (medicinas, alimentos…..) en ambas direcciones. Unas veces conducía Catalina y otras su marido, Tomás y ella hacía de cobradora. Completaba su actividad increíble con la gerencia de un bar. Sus siete hijos continuaron su labor. Todo un ejemplo de vitalidad y de compromiso en tiempos poco favorables a la actividad e independencia de la mujer fuera del hogar.

Camino de la Bargaña

Paco el pastor

En Pallide siempre hubo pastor: Ramón, Calvache,….. y Paco. Un personaje misterioso, relativamente joven y soltero que procedía de Cantabria. Llegó al pueblo y se dedicó a su oficio de pastor de ovejas. Desayunaba y cenaba en la casa que le correspondía e iba a dormir a la antigua casa de Santiago. Leía mucho, sobre todo novelas del Oeste. Se puso en contacto con una editorial de este tipo de novelas y envió varios ejemplares que no sé si llegaron a publicarse.  Yo mismo, en vacaciones de Navidad, le escribí a máquina, alguna.

Al faltar María la del bar, instaló uno provisional en la misma cocina y comedor de su casa. Allí se celebraron, al menos, la terminación de la obra de la primera traída de aguas y una reunión de agricultores españoles de la zona, que habían visitado Austria, con los agricultores invitados austriacos, que devolvieron la visita.

A través de correo contactó con una mujer, al parecer maestra, y durante un tiempo estuvieron juntos en Pallide. Después sé que se fue hacia Málaga, donde rigió un bar, pero ya le he perdido la pista

La cruz de la peña Lende (no peña de la Cruz)

En unas misiones que dirigieron dos padres capuchinos, cuyo recordatorio está en el pórtico de la Iglesia, decidieron que, como colofón a la semana de sermones y confesiones generales e impulsadas por el fervor del momento, los mozos subieran una cruz a la Peña Lende, que presidiese y vigilase los frutos de la misión.  Una cruz, tallada y pesada. Los mozos cargaron a cuestas la cruz y la subieron por Socollada y los Canalizos. Los frailes, alguno de ellos entrado en carnes, se quedaron observando la maniobra en el solcuarto con el resto de vecinos, frente casa de tío Colás y desde allí arengaban, con fuertes voces, a los mozos en su esfuerzo. Cuentan algunos que, los más escépticos, agotados, solicitaban por lo bajo la colaboración de los frailes en el peso. La primera cruz duró muchos años, después fue sustituida por  otra más basta e incluso por la bandera nacional, con motivo del mundial.  Actualmente vuelve a lucir como vigía en lo cimero de la peña.

Tío Macario y tía Presenta.

Dos personajes inseparablemente unidos a las fiestas de Santiago. Tío Macario tenía familia en Pallide, estaba casado con tía Frutosa y era personaje constante en la fiesta. Su tambor y timbales marcaron los bailes de cientos de parejas durante muchos años, hasta su jubilación. Recuerdo la admiración de los niños, que pasábamos horas ante los músicos, por los movimientos de palillos y timbales así como por la precisión del acordeón y del saxofón, los otros dos instrumentos de la orquesta.

La aparición de los discos y de la música de discoteca, apagó aquel ritmo que sonaba en las noches oscuras y estrelladas, en el prao Luengo y se extendía por todo el valle.

Tía Presenta era de Boñar y todos los años subía, con sus maletas para instalar una mesa alumbrada por la noche con un carburo, en el prao de la fiesta para vender a los niños golosinas, perronillas o petardos y globos. Unas pesetas o unos céntimos era lo máximoo que los niños podíamos gastar en esa época. Cuando, pasada la noche, llegaba la mañana, algunos madrugadores acudíamos al rebusco cerca de la mesa de tía Presenta, de monedas perdidas o de petardos no explotados. Y siempre caía algo. Para entender la atracción de la mesa, no hay que olvidar que, durante un año, era el único contacto de un niño de esa época con caramelos, golosinas o globos.

La tía Caya

Dos imágenes se han cargado en el recuerdo. El paseo diario, desde su casa en el Solcuarto hasta la taberna de Maria la de tía Faustina, acompañada de su omnipresente botella y su cigarro en la boca, algo inusitado en las costumbres del sexo femenino en la época. La gente decía que había quedado huérfana al mes de nacer y que la alimentaron con vino y pan, lo que explicaría su dependencia. También parece que estuvo casada Y también una imagen positiva, cuando ya el alcohol le fue causando una decrepitud muy grande y muchas vecinas la atendían diariamente por turnos en su habitación al lado de la casa de Lisandro hasta que el párroco de entonces, logró para ella un asilo en León. Siempre fue un misterio su vida y su camino hacia la dependencia. Recuerdo vagamente las bromas típicas de los niños y adolescentes cuando la veíamos en un estado crepuscular. A una edad en la que la aparente crueldad tiene más de sobresalto y de extrañeza que de mala fe.

La reguera

Desde la Canal bajaba a descubierta a trozos, bajo cantarilla de losas en otros, agua que recogía orines, polvo y barro del pilón en su camino y que desembocaba en la era del Barrio, donde se aprovechaba para regar unas fincas. A su amparo crecían verdes y exuberantes las ortigas, dos nogales y se alimentaba una gran cantidad de sapos cantarines.  Era, como los abonales en los corrales, la misma imagen de una concepción de la higiene que hoy no se soporta pero que en ese momento vivíamos como natural.

Recuerdo cómo a la reguera se tiraban los orinales y los gochos, que salían de casa ozaban con fruición. En verano, cuando el agua era escasa, el olor era muy fuerte y muy característico. Cuando llovía mucho su pequeña sección se atascaba y el agua bajaba en tromba por la calle. Las gallinas eran clientas diarias de los ricos manjares de la reguera. En una ocasión, faltó la gocha de Melquíades, durante tres días. Se buscó por todo el pueblo hasta deducir que había sido robada. A los tres días, unos gruñidos nocturnos, la identificaron a unos veinte metros dentro de la alcantarilla donde había entrado de cara y no podía dar la vuelta. Por donde iba sobre tierra la reguera, hoy se ha instalado una moderna conducción de saneamiento.

Las truchas de Remolina

Desde la entrada de Remolina hasta los pozos que hay bajo los Valles, vivieron y viven unas truchas finas, rápidas y de poco peso que se han mantenido por el agua fría y fresca del arroyo. Fueron siempre el botín de los pastores de la novillas mientras el reguero estaba accesible, se pescaban a mano bajo las piedras o secando algunos pozos. Hoy la maleza del reguero impide esta tipo de pesca. Pero viene a mi recuerdo esta especie  animal porque fue víctima frecuente de métodos asesinos de pesca. Su resistencia ha tenido que superar la raíz de genciana machacada y, sobre todo, la lejía y otros elementos químicos, que  diezmaban las crías. Pero sobrevivieron como tipo dentro de la clase de trucha arco iris. Ahora su pesca está prohibida y la conciencia ciudadana sobre el respeto a los seres vivos las mantiene tranquilas. Pueden verse con calma en las pozas anexas a la Sierra del Gato y, sobre todo en el pozo y cascada junto a la finca de  Antonio, cerca de la fuente de la Moneda.

El burro inteligente

En Pallide hubo tantos burros como casas. Hoy, como en casi toda España, no hay ninguno. El tractor los arrinconó. Como sabéis es una animal paciente, terco, lento y que carga con todo. Con personas que arreaban las vacas, con sacos de hierba, con un carrito de ruedas de goma, con los niños,….. Pero hay faenas agrícolas que a la especie les resultan imposibles. Tal es el caso de celar o dar marcha atrás. Cuando se intenta forzarlo adelanta las cuatro patas, se fija al terreno y no se mueve. Pero recuerdo una excepción. Un burro que hacia cientos de viajes al molino con el carro de ruedas de goma, tenía que dar marcha atrás para situar la trasera del carro a la puerta del molino y cargar. Cuando llegaba a la casa destinataria del pienso debía hacer lo mismo para descargar. Pues bien, con el tiempo, el burro llegaba al molino, daba vuelta en el mismo portalón y, marcha atrás dejaba el carro  al lado de la piedra de la puerta. Los tuvimos hasta muy viejo y se vendió a alguien de la zona de Lugueros. Una semana más tarde mi hermano Ángel y  yo bajamos a verlo.

Cine en la escuela

Remolina nevada

La escuela tenía en su piso de arriba un espléndido salón, que hoy se ha restaurado. Los vecinos de Pallide que la construyeron no repararon en gastos. Pero por los cincuenta se utilizaba como almacén, porque la clase se desarrollaba en la parte inferior. Se afrontó, por los 80 una rehabilitación del conjunto de la escuela, cuyo local se trasladó durante un curso a casa de Indalecio. Pero en la década de los sesenta recuerdo una sesión de cine en esa sala superior. Era un expositor que viajaba en furgoneta por todos los pueblos en los que se proyectaban películas con una máquina rudimentaria. Recuerdo que en aquella ocasión nos proyectó varias del Gordo y el Flaco. La inmensa mayoría de los vecinos nunca habíamos visto cine. Incluso recuerdo que mi tío Francisco, gran fumador, encendió un cigarro y el empresario le dijo: “en el cine no se fuma”. Un anticipo de la ley antitabaco.

Emergencia desde Viego

Ya hemos visto cómo se las gastaban los inviernos y cómo, mediante la espalada, los vecinos abrían caminos o veredas. En esos momentos, sin luz, el temor a una enfermedad era muy razonable. En este caso, se trataba de un embarazo de una mujer de Viego, que se presentaba con dificultades graves. Todos los vecinos del valle prepararon sus palas y, desde Viego, se espaló en un día hasta Vegamián, donde estaba el médico. Recuerdo cómo llegó la parturienta en una especie de sillón cubierto que sujetaban por turnos en unas angarillas dos mozos por la vereda que se iba abriendo y cómo descansó un rato en casa de Lisandro para reemprender el viaje, precedida de casi toda la población adulta del pueblo con sus palas abriendo la vereda a las órdenes del presidente. Sé que todo llegó a buen fin, por eso el vecino de Viego debe saber que vino a este mundo con la colaboración de cientos de vecinos de los pueblos del valle. En ese caso ha habido un niño, y quizás una madre, que deben sus vidas al esfuerzo solidario de muchos vecinos. Un ejemplo más de la solidaridad del valle.

Las fugas de Sar y Alberto

Sar era Baltasar, el hijo de tío Honorato y tía Aurora. Había nacido con síndrome de Down en unos tiempos en los que esta deficiencia estaba poco estudiada médicamente y escasamente aceptada socialmente. Por eso su vida se apoyó exclusivamente en el desinteresado cuidado de sus familiares y del cariño a veces primario pero sano de todo el pueblo. Alberto es mi hijo mayor. Lo que une en este recuerdo a Sar y Alberto es que ambos se perdieron en Pallide. Al menos en dos ocasiones que recuerde, Sar se desorientó y caminó sin rumbo, una vez hacia la zona de Voznuevo y otra hacia Pardomino, esta segunda vez en invierno. Durante días todos los vecinos hábiles de los pueblos anduvimos en su busca, divididos en grupos. Su ángel de la guarda lo protegió y volvió a su casa y a su pueblo. En el caso de Alberto, tenía unos cuatro años, salió de casa y comenzó a caminar, pasó por el pilón, el Fontano, subió por la cuesta de camino blanco. Cuando nos dimos cuenta, comenzó la búsqueda: tenadas, portalones, cuadras, pozos……. Y la angustia.  En su camino se topó providencialmente, pasado el arenero de los Regueros, con los mineros de la mina a cielo abierto que bajaban al finalizar su turno de trabajo y se extrañaron que un niño de esa edad caminase perdido y solitario. De no haber sido los mineros…….

La perra y el palo


Los escasos paseantes veraniegos del camino de la Vega, se suelen encontrar con la presencia de una perra que lleva un palo en la boca, acompañando a algún paseante. Se  trata de la    Zara           que en estos momentos tiene sólo tres patas por un accidente en la siega de la hierba. Y no solo acompaña a sus dueños; cualquier persona que le ofrezca el palo tiene compañía y protección  aseguradas. Avizora con mucha antelación a los corzos a los que persigue con su triple apoyo. También le gusta hacer despegar  a las cigüeñas cuando están entretenidas con los topillos. De vez en cuando se lanza con éxito sobre los ratones del borde de la carretera, sorteando con habilidad los coches. Una raza muy inteligente que antes colaboraba en el trabajo de guardar las vacas y hoy ha quedado en el paro por cese de actividad empresarial. Me recuerda también otra perra, la Milka, que lograba coger las truchas cuando se cerraba la compuerta del molino, una habilidad poco frecuente en los perros, que generalmente temen al agua. Un  día desapareció sin más. Se buscó mucho; hoy sé lo que le sucedió.

Los primeros veraneantes

En los años cincuenta los que éramos de pueblo, mayores y pequeños, nos diferenciábamos a simple vista de los de las ciudades. Y no sólo por la boina y los pantalones de pana, como ahora ríen los chistes, sino por el estilo. Los de Boñar ya eran de ciudad. Los niños tenían bicicleta y, sobre todo, no trabajaban en el campo todo el día como nosotros. Recuerdo cuando los hijos de Ordás, de Boñar,en la casa de entrada a Reyero que hoy habita D. José, nos esperaban  para una de esas batallas campales entre pueblos. Sucedía como en la caza. Los cazadores nativos, Santos, Melquíades, Tiano, Rafael, con su escopeta remendada, sus botas de goma y su gorra frente a los profesionales de fuera: con sus botines, escopetas de repetición, cananas, cueros…… Comenzaron a venir algunos veraneantes de Madrid y de otras ciudades, emigrantes unos años antes. Yo recuerdo a los de mi familia y algunos como Emeterio, Quirino, Eloy,   y ya los de generaciones más jóvenes. Lo que más me extrañaba, y ellos solían destacarlo, era la corbata y el lenguaje. Nosotros decíamos “vinieron, fueron, estuvieron” y ellos: “han venido, han sido o han estado”. Pero su presencia alegraba y alegra la vida de los vecinos y hoy día se ha convertido ya en la población mayoritaria que llena el pueblo, al menos por el verano. Por otra parte la diferencia entre los de pueblo y ciudad, ha desaparecido totalmente.

Demetrio, el artista

Preparando el concejo

Cuando echo la vista sobre la historia de muchos vecinos del pueblo, me doy cuenta de la injusticia que supuso la falta de  oportunidades de estudio y formación de esa época, como lo tienen los jóvenes actuales. Se han desperdiciado verdaderos genios, aunque estoy seguro que su pericia les ha hecho más felices en su pueblo. Habilidosos canteros, agricultores, fontaneros, diseñadores, organizadores, empresarios, técnicos y también artistas. Me voy a referir únicamente a estos últimos. Demetrio era parte de una familia que siempre destacó en las tareas de la madera, porque eran originarios de un pueblo con abundantes bosques. Durante su vida activa, muchas veces con gran generosidad, colaboró en el trabajo de los vecinos con la madera: herramientas, carro, muebles, etc. Pero siempre, con una buena navaja, disfrutaba del tiempo de ocio “folgando la madera”, con tarucos, herramientas en miniatura o simplemente, folgando.  Y cuando se jubiló y fue uno de los atrevidos que permaneció en el pueblo durante todo el año, sé que la navaja sigue acompañándole y sus porracas y bastones son usados por cientos de personas. Una anécdota. En una parada de autobús de Madrid (5 millones de habitantes), una señora mira la porraca que llevo, fabricada por Demetrio, y me dijo: “usted es de la zona de Crémenes”. Ese tipo de porraca es de allí. Entablamos conversación, era una mujer de Aleje, incluso familia lejana mía. Se ha perdido un buen artista escultor, pero se ha ganado un buen vecino

Ángel, el coleccionista

La peña Lende. En su cima, la cruz

Muchas cosas podría decir de Ángel, y con enorme cariño, pues era mi hermano Podíamos hablar del Ángel molinero, agricultor, cazador, fontanero, albañil, mesonero,   Pero voy a hablar hoy de Angel coleccionista. A comienzos de los sesenta, con el despegue económico, surgió la admiración por las antigüedades. A medida que la población rural abandonaba el campo, aumentó el interés por sus instrumentos y aperos de trabajo y de vida. Llegaron los anticuarios y, por sorpresa, fueron vaciando de antigüedades los pueblos. Pero, rápidamente, muchos vecinos se dieron cuenta del absurdo de vender instrumentos propios para que otros disfrutaran de ellos. Uno de ellos fue Ángel. Por eso se dedicó con entusiasmo a recoger instrumentos y aperos para ponerlos a la vista de todos en el bar de su propiedad. Tomando como inspiración esos mismos instrumentos, creó relojes, bancos, mesas de infinitos formatos. En el bar se exponen esquíes de madera, barajones, aperos de labranza, maquinas de desnatar, ruedas, esquilas, cadenas,………… todo un mundo de instrumentos cargados de trabajo real y de recuerdos. Y los visitantes de otras zonas, admiradores de su colección, fueron añadiendo aportaciones propias: madreñas, gorros, botas,……. En el oscuro y aislado trastero del bar, el ruido del serrote, de la lezna, del berbiquí, de la lijadora acompañaba diariamente como fondo a la actualidad novedosa de la televisión.

Los que tengais interés por conocer sus colecciones podéis entrar en Internet:  monfer.es/pallide/pallide. html/pallide.net


Una respuesta a “Recuerdos y personas I”

  1. Pobre Tia Caya, ni después de muerta descansa. En vez de tanto chisme sobre terceras personas, como Paco y que si estuvo con la maestra y esas cosas, mejor contar la maravilla de fauna y flora que tenemos, las costumbres generalizando nunca particularizando, por que hablar de unos y en cambio no se señala a otros. Hay mucha historia en estas montañas y muchas bellezas que describir, es como cuando se empieza con lo de que si era rojo que si nacional que si republicano no comunista y bla bla bla, pues como tengamos que ir describiendo a cada persona con Fulanito que estuvo afiliado al partido x , Menganita que fue miliciana hasta que pillo marido…pues esto se convierte en Sálvame, no no hay que ser más positivos y objetivos, ni nacionales ni republicanos aquí somos todos españoles

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