Personas y recuerdos II

Personas y recuerdos II

Corderos despeñados.

Montañas de piedra, montes de roble. Pallide

No recuerdo si era Agosto o septiembre. En el primer caso estaríamos recogiendo la cebada del Soto y en el segundo, las patatas del mismo lugar. En plena faena, un ruido impresionante bajó desde la peña  Lende. Al mirar para allá, contemplamos asustados decenas de corderos que se despeñaban desde la Cruz hasta el Huerto de la Isobana. Incluso algunos rodaron desde allí hasta la base de la peña. Casi todos murieron  al reventar. Un perro, creo que la becera les tocaba a  Alfredín y Fernando, los había  asustado y, siguiendo la lógica típica de los corderos, se lanzaron uno tras otro al vacío sin pensárselo dos veces. Poco después fuimos acudiendo los vecinos para identificar y recoger a las víctimas que supongo sirvió como plato complementario para unas cuantas comidas. En esos tiempos, el control de Sanidad era más abierto y razonable. Cómo no iban a estar sanos unos corderos que simplemente cambiaron el cuchillo en la garganta por el suicidio colectivo.

La canal

Es evidente que las primeras casas del pueblo se situaron en ese lugar inclinado por la cercanía de dos fuentes, como en todos los pueblos. Pero, al aplicar el agua al cocimiento de garbanzos y lentejas, los primeros pobladores se dieron cuenta de que el agua del Fontano era dura, los garbanzos y lentejas cocían mal y tarde. Por eso, en época indeterminada pero antigua, se captó mediante un colector pequeño el agua que manaba debajo de los peñones del Corón. Todavía hoy se conservan los restos en una pendiente muy propicia a mueldas y humedades. De allí, con tubos de barro cocido, el agua se condujo a un depósito grande, de cemento, al que se accedía mediante una tapa. Y desde este depósito, hoy sepultado, por tubos de barro cocido, el agua salía en la Canal, muy cerca de las casas del pueblo. Desde allí llenaba el lavadero de ropa y después bajaba por la reguera.

Como en verano el cauce era escaso, había que esperar mucho tiempo para llenar la cuerna o el caldero. A veces era tan mínimo que se colocaba una hoja de chopo para recoger el goteo. Eso daba lugar a momentos de charla, a hacer alguna trampa o broma con el caldero solitario pues era un trabajo típico de los niños, que había que realizar todos los días, porque todos los días había puchero.

Con la conducción del agua de las Traviesas, muy cocedera, desapareció la canal, sus esperas y sus bromas.

El almacén de Florentino, Sofía, el manco.

Todos ellos procedían de Vegamián, lugar céntrico de comercio. Llegaban al pueblo, en invierno y verano, conduciendo un caballo que trasportaba dos grandes alforjas o cajones. En ellos se trasportaban los alimentos básicos que se vendían casa por casa. Paraba el caballo a la puerta, se iniciaba una larga conversación, se intercambiaban noticias y chismes y se compraba al contado o a plazo. Con la misma parsimonia, Florentino, El Manco o Sofía seguían con su ruta. En invierno, con nieve; en otoño y primavera con lluvia; en verano con calor nunca faltaba su visita. Más tarde incorporaron el pan como mercancía a medida que los hornos del pueblo iban dejando de amasar el pan. Y más tarde a los caballos siguieron los motocarros y las furgonetas. Se me ocurre pensar qué hubiera sucedido en la vida de Pallide si no hubieran desaparecido Vegamián y sus pueblos; con seguridad que muchas cosas hubieran sido muy diferentes. Pongámosle imaginación.

Entre otros vecinos, Vcente y tío Maximiano

Los supervivientes de  Linares.

Linares era propiedad de la familia de Elías. Allí trabajaban caseros, que cuidaban las vacas, segaban la hierba, recogían patatas y cultivaban un huerto. Agua no faltaba, aunque su altura hacía muy duros los largos inviernos y corta la hierba y el cereal. Durante años, la familia vivía allí todo el año, incluso el invierno. Aislados durante meses, sin luz eléctrica. Creo recordar que en el mes de octubre bajaban a Pallide con un carro para llevar material del invierno, sobre todo harina, aceite, etc.  Siempre me venían al recuerdo en los largos meses de invierno y me imaginaba una vida tan aislada, con sus animales, con sus perros y su soledad en las larguísimas noches sin vecinos con los que conversar o a quienes pedir ayuda. Imaginaba historias de lobos, de aludes y de supervivencia. No recuerdo si tenían niños. Todavía se conservan la casa y las cuadras, incluso las paredes del huerto. Una historia real de Supervivientes

El maestro rural

No le conocí personalmente, pero los documentos del pueblo: herencias, particiones, permutas, ventas, etc. aparecen curiosamente escritos con un mismo tipo de letra, regular y clara y muchos de ellos firmados por D. Germán. De él tengo referencias muy positivas de mi padre, pero sobre todo de mi tío Santos. Me recordaba constantemente con cariño y admiración cómo tenía que hacerse con grupos de alumnos de edades muy diferentes que rondaban el medio centenar, pero sobre todo, cómo enseñaba la geometría llevando a los alumnos a las fincas para medir superficies, áreas y volúmenes. Eso que ahora se llama la nueva pedagogía activa. No conozco más datos, pero son suficientes para dedicarle unas líneas de recuerdo

Pepe, Joselines

Recuerdo el día frío y lluvioso que murió repentinamente cuando trabajaba sobre un montón de arena y cemento para hacer trabajos en la casa, actualmente propiedad de Roque y Elvira. Antes había vivido en el actual huerto de Mari, una casa baja, con corral y un pozo al que se bajaba por una escalera de piedra. Siempre se dijo que tenía buena agua. En un lado y en otro le visitábamos los estudiantes con frecuencia para realizar tareas administrativas como giros, certificados, cartas, etc. porque el era el encargado del correo. Además, con Alfredo, era también el responsable de los cánticos de la Iglesia. Inolvidable aquel “Dies ira dies irae” en latín para los entierros o aquellos  vía crucis de semana santa con “Lagrimas de compasión,,…..” o el “ Hostia pura” de las procesiones. Tenía una gran inteligencia natural, dotada de un cierto sentido crítico, escéptico y discutidor. La trilla la realizaba con el caballo y  la adobaba con sus cánticos. La “bajada de santos” que acompañaba a las fugas del animal del círculo aburrido de la era, constituía todo un espectáculo para los vecinos de tarea.. La expresión: “Digo yo……” fue muy característica de su manera de conversar así como la forma de apoyar los pies, adelantando uno y moviendo la cabeza de arriba  abajo.  Vivió con la delgada y veloz Pilar durante años. No sé nada de ella.

Rayos y truenos

Las tormentas son impresionantes en la montaña. Los rayos iluminan el valle y los truenos multiplican su ruido con el eco de las peñas. En ciertos lugares, sobre todo hacia la Puente, muchos chopos conservan los restos de la caída del rayo mostrando una hendidura vertical y negra. También en los peñones negros se detecta el impacto que rompe y esparce  las piedras. Pocas personas eran indiferentes a su terror. Ni siquiera el abrigarse bajo un espino, al que se concedía valor protector por la forma de cruz de sus hojas, libraba de ese miedo. Además, todos sabíamos del efecto atractivo de la cornamenta de las vacas y en las ovejas. Ahora recuerdo dos rayos en el pueblo. Uno que creo mató alguna vaca de Vicente y Tomás y que hirió a Jesús el de Tomás al quemarle una cadena al cuello. Otro rayo creo que mató en la cuadra una vaca de German, sin daños personales. No sé si ha habido más casos, pero el miedo y terror de las tormentas, en medio del campo, eso no se olvida. En las rogativas que se hacían desde la Iglesia en Primavera para bendecir los campos, había una petición sobre ellos: “A fulmen…….libera nos domine” “Del rayo…..liberanos señor”

pallide desde el Pando

Cueva del Oro

Una leyenda atribuida a los moros, como tantas que se han elaborado en  España, creadas por la memoria histórica de unos cientos de años en los que todos fuimos moros. La cueva se sitúa en la peñica más oriental y se inicia con un fuerte y amplio descenso durante unos cien metros. Después se va cerrando hasta convertirse en un agujero de unos centímetros de diámetro. Y es ahí donde comienza la leyenda y el misterio. Desde allí bajaría por debajo de las Traviesas, atravesaría el subsuelo de las Congosturas y finalizaría bajo el río, en el antiguo punte de madera. Por supuesto, nadie realizó el recorrido en busca del tesoro moro de lingotes de oro, situado al final de la cueva. Pero esa era la base del misterio, como de todos los misterios. De niños bajamos muchas veces y lo único que había en su espacio habitable eran restos de huesos de pequeños roedores, esqueletos de algún pájaro y oscuridad

Solidaridad

Tienen fama los agricultores de individualistas, pero los pueblos se han plantado y desarrollado por un equilibrio entre el esfuerzo individual y la competencia con la solidaridad colectiva. Una buena receta para la política general del país, entre el liberalismo individualista y el colectivismo forzado. No ha habido, por suerte, grandes catástrofes individuales en Pallide, salvo la quema total del pueblo en 1792, en las que se expresa de manera ejemplar y visible la solidaridad. Pero sí han existido momentos de zozobra individual o familiar en los que todo el pueblo “echaba una mano”. En la misma entrada anterior recordamos la colaboración  en la búsqueda de Sar, en el traslado con nieve de la parturienta de Viego o en el final de tía Caya. Pero podríamos poner miles de ejemplos más, sin nombres, para no ser injustos. Subir a los tejados para echar nieve abajo cuando sus habitantes no podían por edad, echar una mano en la siega de la hierba o en su recogida cuando les resultaba imposible hacerlo a la familia, traer o cortar la leña, prestar una vaca para hacer pareja de trabajo, armar un portalón, matar la gocha, prestar maquinaria, ayudar en los partos difíciles, colaborar en miles de trabajos sin exigir salario, realizar labores de bricolaje de acuerdo con las propias aptitudes, preparar las fiestas y celebraciones,……….

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Es verdad que el paso del tiempo y las exigencias de seguros y responsabilidades civiles consustanciales con una sociedad legalizada, ha coartado esa disponibilidad. Incluso el trabajo comunitario de las hacenderas ha tenido que reducirse por la disminución del vecindario a favor de trabajos contratados.

Peña del Collao con la cueva de las cabras

El tío Maximiano

Un pueblo  es como un microcosmos. Todos los caracteres humanos, todos los talantes están representados en una galería de personajes masculinos y femeninos. Cínicos, tranquilos, escépticos, cuidadosos, perezosos, discutidores, introvertidos, engreídos, extravertidos, intuitivos, reflexivos, impulsivos, tenaces, vividores, habladores, callados, ocurrentes, trabajadores, maniáticos, troleros, ordenados, generosos, ahorradores, críticos, sumisos, chistosos, serios, imaginativos, calculadores, metódicos, perezosos, activos, conformistas, emprendedores, sensibles……… y así podríamos citar cientos de adjetivos descriptivos. Cuando leas esto, lo mismo que cuando yo lo escribo, serás capaz si has vivido un tiempo en Pallide de ir uniendo un nombre propio a cada carácter. Porque, además, cada uno de los vecinos pertenece a familias y generaciones que también se conocen desde hace tiempo y que tienen en común una “pinta”, un “aire de familia”  un “estilo familiar” que los identifica.

No obstante existen personas en todos los pueblos que por su forma de ser o personalidad, imprimen carácter a los pueblos. Personas que, al faltar, modifican el estilo de vida y las relaciones interpersonales. Podíamos citar varios ejemplos, pero lo voy a concretar en uno, el tío Maximiano. Procedente creo de Reyero, vivió durante muchos años en el pueblo, primero casado con la tía María, después viudo. Mas tarde se trasladó a León, donde siguió siendo un personaje popular en los mercados semanales de la plaza Mayor y en la vivienda de sus nietos. Como todo ser humano mantenía con firmeza  unas ideas fijas y repetidas, que expresaba con gracia, retranca y regodeo. La más conocida era su tesis sobre la  superioridad de la vida del pueblo sobre la ciudad o también  de las tierras, el ganado o de la hierba de Pallide en relación con los restantes pueblos. Es verdad que para los vecinos de todos los pueblos “no existe agua como la de su fuente ni iglesia como la suya”, una convicción que nosotros atribuimos como tópico   general a los asturianos que viven entre nosotros o nos visitan. A los que vivíamos fuera  siempre nos preguntaba por la carestía y el hambre de la ciudad y lo repetía muchas veces cuando eramos vecinos de era. La verdad que en la posguerra su opinión no era descaminada, pues efectivamente se pasó hambre en la ciudad y generalmente no así en los pueblos, que eran autosuficientes.

No usaba el reloj, pero todos le preguntábamos la hora y no la “marraba”, incluso hacia apuestas y las ganaba. Con la introducción inicial de  “pos……” daba la hora oficial y la hora solar. No hay que olvidar que en esas épocas existían pocos relojes, porque las tareas del campo no lo necesitaban y porque todos sabíamos cuándo era la hora de traer a las vacas por la mañana, porque moscaban, arrear para casa los corderos cuando la sombra de peña Loja llegaba a los Arenales o la hora de amanecer cuando el sol tocaba la peña de la tía Josefona… Cada peña, cada árbol era un reloj de sol. Cuando había escuela, los niños visitábamos la iglesia a la una del mediodía y se tocaba la campana como un ángelus que llenaba todo el valle y daba la hora a los cientos de vecinos que trabajaban a esas horas en todo el valle.

Como todos los mayores no solía mostrarse entusiasmado con los progresos técnicos que comenzaban a llegar al pueblo  basándose en la contundente afirmación de que “como lo de antes”, nada. La guadaña mejor que la máquina, el viento mejor que la limpiadora, la leña preferible al gas, la fresquera más sana que el frigo, el pan de la hornera más digestivo que el de a panadería, el carro preferible al coche. Tanto era así que consideraba potables los charcos del camino porque les daba el sol o el agua del pilón porque corría. Y nunca le conocí más enfermedad que el labio chascado de tanto fumar. Todos bebíamos agua del río con el fundamento de que “agua corriente no mata a la gente”

Finalmente, su observación de muchos años y una memoria fotográfica de nubes, vientos, comportamientos de animales, nieblas, neblinas, témporas y zaragozano……. le permitió una eficaz forma de  previsión del tiempo frecuentemente   acertada que daba lugar a que todo vecino, antes de segar, preguntara sus pronósticos y los tuviera en cuenta. En esto competía con Manolo el de tía Gabriela, que utilizaba otros métodos.

Rescate en las peñas.

Un día, seis novillas de Ángel subieron a la Peña Lende por la parte de atrás, fueron descendiendo lentamente por su cara Norte, pasaron por pequeños intersticios de peñascos marcha adelante, tomaron contacto con la fresca hierba que hasta ese momento solamente estaba al alcance de  las cabras, no calcularon el peligro y cuando decidieron volver, les resultó imposible, porque faltaba sitio físico para girar. Quedaron aisladas a gran altura sin poder dar la vuelta ni continuar hacia abajo para salir. En un primer momento se intentó dirigirlas a posibles salidas, pero dos de ellas terminaron despeñándose. Sanidad no permitió su aprovechamiento. Entonces se solicitó la intervención de miembros de la Guardia Civil, equipo de rescate con residencia en Sabero, que lograron, con medios técnicos, cuerdas y sogas, sacar a las restantes sanas y salvas. En el Diario de León se publicó una carta de agradecimiento.

Algo parecido les pasó a cuatro cabras en la peña del Collado. Por vericuetos impensables en una especie equilibrista como pocas, se introdujeron en una cueva que da al este, cerca del nido de águila. Tampoco fueron capaces de dar marcha atrás y quedaron en la salida de cueva atrapadas en dos metros cuadrados. Imposible acceder a la cueva situada a media altura para sacarlas. Allí pasaron varios días, comiendo la poca hierba y la tierra a su alcance. Alguna de ellas rodó al suelo al intentar saltar. Pasado el tiempo, creo que una semana, una asociación ecologista se prestó a rescatarlas con medios técnicos apropiados. Por cierto, me parece que las cabras eran de Meros.

Vicente

Vivió con sus padres y su hermana gemela María. Cualquier día, pero sobre todo los domingos, el fresco portalón que daba al Norte, era lugar de reunión para la corta del pelo mensual. Un hombre tranquilo, curioso, cuidadoso y limpio en su vestir y muy servicial. Nos cortábamos el pelo sentados en una silla en sentido contrario al respaldo. Su caja de trabajo, de madera, sumamente ordenada y limpia. Afilaba la navaja en el cinto con un estilo muy especial. No existían entonces muchas modas de corte, sí muchos tipos de pelo castigados por el sudor y el uso constante de la boina. El conocía en cada uno su estilo y decidía su look. Le gustaba lo clásico y en sus últimos años echaba pestes contra las nuevas modas de pelo más largo que exigían los jóvenes. Completaba su labor de peluquero con la de enfermero, matarife y colaborador en cualquier obra, sobre todo si era de precisión y cuidado. No le gustaba ir con las vacas, trabajo que encomendaba a la paciente María, que charlaba y reñía con cariño a sus tres o cuatro  animales y a su perro como si de personas se tratase. La desaparición de María le dejó sólo y un hermano, residente en la lejana Cataluña, le llevó con él. Sé, por testimonios ajenos, que siempre echó de menos este pueblo y que sus días trascurrieron hasta el final con una nostalgia muy fuerte. Desde entonces, la barrera fue menos barrera.

Machorras 90 (A.G.C.)

El bar de Chon

Comenzó como un ensayo en el portalón de la nueva casa comprada a tía Encarnación por Angel y Chon. Al comienzo, sin horas fijas, con existencias y servicios limitados. Pero un bar en un pueblo es un bien de interés social: no sólo sacia la sed y el hambre sino que promueve las relaciones sociales y mejora la convivencia. Por eso el bar se fue estabilizando y sus propietarios, Angel y Chon, mejorando su cocina y su servicio. De esta manera, durante años, no solo sirvió de refugio cálido a las partidas para los días de invierno o de fresco retiro para comidas y celebraciones de todo tipo; en su calle aparcaban día tras día viajeros, trabajadores, jubilados, noctámbulos….. de todos los pueblos que encontraban aquí un lugar para descansar, comer bien  y relacionarse. Daba vida al pueblo; aminoraba la soledad del despoblamiento y fue, además, el escaparate de colecciones de antigüedades y de creación propia. Celebraciones del pueblo, reuniones de cazadores o guardias civiles, despedidas de verano, veladas interminables de grupos procedentes de casi toda la provincia, porque todos se sentían relajados y, además bienvenidos y bien atendidos. Las circunstancias obligaron a cerrar el bar y la vitalidad del pueblo se resintió. La solitaria Zara se encargó de guardarlo durante dias y noches de invierno. Esperemos que esto sea un paréntesis

4 opiniones en “Personas y recuerdos II”

  1. La legislación española (Código Civil, Constitución Española, LOPD, Ley M.H.) prohibe el uso de fotografías o datos de terceras personas sin su consentimiento expreso por escrito o el de sus familias. Son derechos fundamentales: honor,intimidad personal y familiar,y a la propia imagen.
    En otros foros y blogs ya han tenido problemas legales por situaciones similares. Lo comento porque he visto que se habla mucho en varios posts de diferentes personas y no todas habrán dado consentimiento o sus familias quizás no quieran que se las cite, deberíais borrar los datos, sobre todo aquellos que son considerados datos sensibles especialmente protegidos, y sólo publicar aquellos que hayan sido autorizados por sus descendientes directos por escrito o publicados por sus descendientes directos.
    De todas formas es curioso ver que se citan tantos nombres de terceras personas y en cambio no se cita el nombre de los familiares, padre y madre por ejemplo del autor del blog, ni se dan datos biograficos de ellos, y debe ser una historia bien buena esa del padre en el bando nacional y el tío en el republicano.
    Por cierto que…sí hubo un maestro nacional de Pallide depurado en la guerra, y también unos cuantos bajados desde Pallide a fusilarlos en otro pueblo,ademas de manejar en estos pueblos muy bien la pala y pico para usos no muy correctos, nadie se acuerde de esos detalles?

  2. Si hombre, Germán Fernández González, el maestro depurado por el régimen,era muy conocido por estos pueblos, creo que ese dato no lo has puesto…

    1. Si conoces datos sobre el maestro, al que cito con admiración porque era muy querido, me los envias. El firma muchos documentos de conmpraventa, herencias, etc. No conozco más de su vida, solo creo que vive ahora un sobrino en Pallide.

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