Navidades de siempre

Una de las historias que refleja dramáticamente el devenir del pueblo desde los cincuenta, es la historia de la Navidad. Y es así porque estas fiestas mantienen una connotación emocional que no nos deja indiferentes y las fija más intensamente al recuerdo y a la familia.

En la década de los cincuenta las nevadas prolongadas eran muy frecuentes en estos días, con sus consecuencias inevitables: cortes de energía eléctrica, dificultad para viajar, barro y nieve en las calles y mucho frío. Pero, desde Navidad hasta reyes, lo festivo trataba de imponerse a esos inconvenientes.

Curiosamente en esas fechas aumentaba la población del pueblo. Volvían de vacaciones algunos estudiantes, tenían permisos los que hacían la mili y los primeros emigrantes volvían a la casa familiar todavía habitada por sus mayores. Las vacaciones escolares ponían en la calle todo el día a los escolares, las labores típicas del invierno se ralentizaban, las fiestas marcaban un nuevo ritmo durante unos días.

En la Iglesia, las hijas de María, el sacerdote, el mayordomo de turno y muchos voluntarios instalaban un Belén amplio y densamente poblado por animales y pastores. No había árboles de navidad porque todo el valle nevado estaba poblado de árboles auténticos y las montañas, los ríos y las peñas convertían el paisaje en el más auténtico de los belenes. El cura ensayaba los villancicos ingenuos que se habían cantado durante generaciones.

El día de Navidad, además de la misa y rosario del día, por la noche, a las 12, se celebraba la misa del gallo. Centenares de madreñas poblaban el atrio divididas en grupos de hombres, mujeres y niños. Todo el pueblo asistía después de haber celebrado una emotiva cena familiar. No con la abundancia de hoy: el turrón, las avellanas, los dulces, la fruta eran entonces una excepción bienvenida y administrada con mesura. Tanto la comida como la cena constituían una excepción al cocido, las patatas, la leche o los huevos de la alimentación habitual.

Pasados unos días llegaba año nuevo, una fiesta más civil y popular. Los vecinos varones

La nieve, compañera inseparable de la navidad

se juntaban generalmente en la antigua casa rectoral, llevaban viandas y repasaban las cuentas del año. Los jóvenes también se reunían con objetivos más lúdicos. La televisión no transmitía las campanadas, pero la alegría del nuevo año llegaba también puntual a este pueblo entre montañas.

El día final era Reyes. Todos los niños creíamos en los reyes magos, los padres contaban las mismas historias sobre camellos, zapatos nuevos, ventanas cerradas y cena temprana. Y llegaban los juguetes: muñecas, juegos, pero sobre todo útiles: zapatos, chaquetas, una carabina,……Rudimentarios y escasos si los comparamos con el aluvión tecnológico actual, pero tan valiosos y esperados.

Esa misma noche los niños recorríamos las casas pidiendo el aguinaldo: chorizo, dulces, fruta, turrones. Con todo ello celebrábamos en la escuela o en alguna casa prestada una reunión en la que se hacía chocolate, se bailaba y se jugaba hasta bien entrada la noche.

Y en el día de Epifanía se vestía el carro, se montaban las autoridades y Manolo, con sus bueyes adornados,  llevaba el carro hasta la casa rectoral en compañía de todo el pueblo y con los cánticos de las “mozas.

Nieve en la zona de aguadon

Al día siguiente los estudiantes, con las maletas recargadas, a sus estudios, los niños a la escuela, los emigrantes a su trabajo en la ciudad, los del pueblo a sus tareas invernales.

Año a año fueron aumentando los emigrantes que buscaban trabajo fuera del pueblo, a veces familias enteras,y lenta pero irreversiblemente  se fueron cerrando algunas casas en invierno. Y los que marchaban ya no volvían en Navidad a una casa inhóspita y fría. Paralelamente en la escuela disminuyeron los niños hasta que no fue posible mantenerla y los pocos que quedaban se trasladaban durante el curso a León o a Cistierna hasta que ya no hubo niños. La escuela se cerró.

Los pocos jóvenes que iban quedando  celebraban las fiestas en las discotecas de  la ciudad. Y si esto fuera poco, también los viejos, familias enteras trasladaban su vida durante el invierno a los más cómodos, familiares  y seguros pisos de ciudades y pueblos más grandes.

live streaming film The Space Between Us online

Y ya en la Navidad el pueblo no aumentaba en habitantes. El Belén se hizo más pequeño, la misa de gallo se perdió, cesaron las reuniones, se acabó el carro engalanado. Incluso, creo que los Reyes pasaban más deprisa.

Hace años que no paso la navidad en el pueblo, pero me la imagino y me la cuentan. Son de admirar los que se han quedado por apego a la tierra y a  la libertad y tienen un gran valor los que todavía resisten en sus trabajos e incluso siembran nuevas vidas. Indalecio y su familia, Merce, Fonso y su mujer, Alfredoy familia, Manolo y su mujer, Demetrio, German, Mary, Sitas, Toño y su familia……Ellos mantienen ese resto de ilusión y de esperanza, que son y serán las notas de toda Navidad.

.

A todos, pero especialmente a ellos, les deseo una feliz Navidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *