Los viejos ( mayores o de la tercera edad).

manos endurecidas por el trabajo de años

Una película de nuestro Oscar nacional,  Javier Bardem se titulaba “Este no es país  para viejos”. Un título que no puede aplicarse a Pallide, como veremos.

Los viejos o los mayores como se dice ahora para disimular con eufemismos una realidad, estadísticamente en crecimiento, que al parecer  resulta molesta, han ocupado siempre un lugar central en Pallide tanto en la década de los cincuenta como en estos momentos, por razones distintas.

Ahora viven de forma estable en el pueblo unas siete personas mayores ( vamos a establecer sesenta años de límite), ocho adultos y dos niños. En el verano, la cosa cambia bastante, pero todos los años vuelven al pueblo para esas fechas unos diez mayores.

Como nos dicen los sociólogos, la prolongación de la esperanza de vida y la mejora de calidad de ésta, no nos permite aplicar el mismo concepto de vejez a todos los mayores de estos sesenta últimos años. La dureza del clima y del trabajo, la ausencia de control médico continuado nos ofrecía la imagen de una persona de sesenta años en 1945 físicamente más decadente que las personas mayores actuales una década más viejos.

los mecheros de los mayores en los cuarenta

Además de esa, otra característica que diferenciaba el estado de los mayores en la década de los cincuenta era que vivían y morían generalmente en la casa en la que habían nacido y en la que convivían con otros familiares en familias extensas. La imagen del sacerdote revestido con estola y sobrepelliz y precedido del monaguillo haciendo sonar la campanilla por la calle, solía ser el preámbulo del sonido cansino y lento de las campanas que “tocaban a muerto”.

Podíamos llamar a ésta la primera generación de mayores del siglo XX. Su experiencia y sus condiciones de vida, república, guerra civil y posguerra por medio, fueron evidentemente mucho más traumáticas que las vivencias de las siguientes generaciones.

Otra característica de esta generación, anterior a la seguridad social universal, fue la de no poder disfrutar de la jubilación: trabajaban en la casa y fuera de ella, adaptando el tipo de tareas a su edad y a su estado físico, hasta el final. También es verdad que después, ya jubilados, la mayor parte de mayores seguían y siguen colaborando en el trabajo de su familia durante años.

A ellos voy a referirme especialmente para que su recuerdo no se pierda, como ya se perdió el de la generación anterior. Vestidos casi con uniformidad con el pantalón de pana o mahón, generalmente remendados, con la gorra o boina, la mayoría eran fumadores que liaban su cigarro en el papel del librito con la picadura que sacan de una petaca o cuarterón. El mechero de rueda y piedra encendía una mecha colorista que se aplicaba al cigarro. El clásico movimiento de la mano sobre la rueda y la forma de encender y llevar el cigarro, también caracterizaba a cada uno de los fumadores. Incluso conocí mecheros que en vez de mecha, quemaba yesca. No hay que olvidar que, en los años posteriores a la guerra, el tabaco era uno de los componentes escasos de la cartilla de racionamiento, pero sólo la Iglesia y la tenada eran lugares prohibidos para fumar.

La relación de los mayores con los jóvenes era más fluida que la actual, ya que se compartían veceras, hacenderas y trabajos codo con codo. Pero algunos de los papeles clásicos de los viejos no han cambiado.  Esa alusión constante a “en mis tiempos”, la desconfianza instintiva hacia lo “moderno”, la actitud de escepticismo y cierta displicencia hacia las ideas de los jóvenes, la facilidad para “sentenciar”son actitudes que conlleva la edad en todos los tiempos. Pero la experiencia de la vejez, de la decadencia física  ( y de la muerte) que vivían los jóvenes y niños de entonces era más natural que la de estos momentos en los que se tiende a alejar y disimular esas realidades para no “traumatizar”.

Pero eran ellos los que participaban sin límite  de edad en los concejos, los que transmitían el caudal oral de costumbres, palabras y tradiciones, los que besaban el pan cuando lo recogían del suelo( en recuerdo de épocas de escasez), los que mediaban en los conflictos habituales del pueblo, los que comían tocino sin miedo al colesterol, los que echaban mano a la gorra para saludar, los que confiaban en la intuición para clasificar al visitante por “la pinta”, los que mantenían una memoria de abuelos, tatarabuelos, primos y tíos, los que también nos abrumaban con sus experiencias nacionales en la guerra o en la mili, a veces las únicas fuera del pueblo..

Así era la calle real en los cincuenta

Aunque la posibilidad de acceso a la escuela en su edad infantil fue casi un milagro, sobre todo para las mujeres, los documentos antiguos nos muestran caligrafías regulares, fórmulas precisas, seriedad y detalle en todo tipo de documentos como hijuelas, testamentos, permutas, ventas, aprendidas con esfuerzo y tesón. Y una muestra de este esfuerzo ha sido el interés de todos ellos en la educación de sus hijos en una época es la que era imprescindible la colaboración en el trabajo de la casa y en la que las posibilidades de formación fuera del pueblo eran mínimas. Una entrada de blog la dedicaremos a ello.

Un ejercicio útil para el recuerdo, muy positivo para una sana nostalgia, es la visita al cementerio y la lectura tranquila de las lápidas actuales. Todavía queda hoy por  poco tiempo  gente adulta que puede ponerle cara e historias a esos nombres. Pero dentro de diez años serán pocos. Son una lección escrita de la vida de los mayores de Pallide. Ha sido una pena que muchas de las lápidas existentes en las inhumaciones anteriores a los nichos hayan desaparecido o estén ilegibles. Son las lápidas de los más mayores. Es todo un símbolo de lo que puede ser la pérdida de la memoria del pasado. Y contra ello luchamos desde este blog.

Podíamos referirnos a otra generación de mayores ya coincidentes con el proceso migratorio de los sesenta. Fueron los que acompañaron ya adultos a su familia más joven en la emigración y envejecieron, y algunos ya murieron, fuera del pueblo y de la casa de su infancia. Es casi seguro que sus condiciones materiales de vejez mejoraron, pero estoy seguro de que la nostalgia también les acompañó en sus últimos años, aunque todos la paliaran con algunas visitas mas o menos intermitentes al pueblo.live streaming film The Shack 2017

Incluso podíamos distinguir otros mayores de Pallide. Los que emigraron desde niños o jóvenes y han fallecido o estan ahora envejeciendo lejos de la sombra del Corón y del horizonte de la peña Lende. Entre ellos me encuentro. Como los anteriores, hemos curado nuestra nostalgia con las visitas a Pallide que nuestra situación familiar nos permitía. Nos alegran inmensamente las noticias de quienes han reconstruido su casa para sí o para sus hijos, ya no nacidos en el pueblo. Constituye una gran esperanza.

Así es esa misma calle hoy

Finalmente no puedo menos de referirme a los que han nacido en Pallide y resisten, verano e invierno, manteniendo en vida a un pueblo que se niega a desaparecer. Son de admirar y su apuesta de libertad e independencia son de agradecer.


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