Los niños/as

Estamos casi en Reyes y toca hablar de las personas, comenzando por los niños.  En este año 2011 viven en Pallide dos niños. Hace sesenta años  unos 20 niños y niñas leían  el Quijote  y cantaban en alto las tablas de multiplicar en la escuela y alegraban las calles ante la impaciencia de los mayores. Precisamente, la disminución de niños y el lento y progresivo cierre de la escuela fue la señal más dura y evidente de que el pueblo agonizaba.

Estamos en los cincuenta y el modelo de familia ideológicamente dominante era el patriarcal: el varón, cabeza de familia; los hijos que Dios mandaba para colaborar en el trabajo del campo, asegurar hereditariamente el patrimonio y un cuidado en el futuro. Las familias eran, por tanto, numerosas, aunque en esto ganaban (con más de 13) Raimundo en Orones y Goro en Reyero.

Cuando se esperaba al niño, la tradición y los consejos de las mujeres mayores guiaban a la futura madre en el proceso de embarazo ya que no existía en la mayor parte de casos ningún control médico, ni información sexual y reproductiva institucional; más bien todo lo contrario. En el preparto y parto, tía Victoriana y alguna pariente o vecina se encargaban de dirigir y acompañar a las madres en su casa. Solamente recuerdo un caso de muerte infantil durante los primeros meses, cuando en el país la mortalidad infantil era muy alta. Con los años, como en toda España, los niños fueron naciendo en el hospital de la ciudad y los cuidados médicos infantiles fueron llegando por suerte mbién al pueblo: peso y tamaño, vacunas varias, ortodoncias, gafas, plantillas,….

Cuando se producía el nacimiento, la misma tradición de siglos guiaba el proceso de alimentación y los cuidados médicos infantiles. La primera vacuna, inoculada en el hombro, fue contra la viruela. Cada año se fueron añadiendo la vacuna de la tos ferina, el tétanos, etc. El medio físico infantil era el compartido por la familia y estaba lejos del medio hiperprotegido actual. La cocina, los pesebres de la cuadra mientras la madre ordeñaba, la cuna de madera fabricada en casa, el chupete de trapo relleno de azucar o miel, el tanque de leche recien ordeñada, las papas de harina, la sombra del carro en la era, los calostros, los caldos, los dormitorios fríos, los pisos irregulares, las dificultades para la higiene, los pañales multiuso, las mojaduras y soleaduras de la primera niñez, las enfermedades leves mal curadas, los sabañones, anginas, arañazos y cortes, la convivencia con el ganado…..

Superada esa primera infancia, la capacidad de autonomía progresaba con rapidez por la necesidad, ya que el trabajo de las madres en el campo no se interrumpía mientras los hermanos mayores asumían una custodia compartida.

peonza

Los niños iniciabamos el trabajo en casa a una edad muy temprana y no tenía ese trabajo el carácter triste de explotación que tiene hoy el trabajo infantil. Era natural y se vivía con orgullo la colaboración en las tareas de los mayores, nos hacia sentir parte de la familia. Es algo que los padres actuales no podemos ofrecer a nuestros hijos. Cito algunos ejemplos de trabajos alrededor de los seis años: cuidar los gochines en la cuadra, espantar las moscas a las vacas en el carro de hierba, llevar la comida o merienda a la era, guardar las vacas con una persona mayor, ir por agua al pilón o la canal, hacer recados, guardar los jatines en la ternalera, encerrar los corderos, barrer el corral, ir a la mata por sacos de hoja o gamones, pisar la tenada, sostener el rabo mientras se ordeña, ir delante de las vacas al arar, guardar veceras para otros vecinos ……

A los pocos días de nacer se pasaba universalmente por la ceremonia religiosa del bautizo en la Iglesia. Se ponía un nombre y, pocos años mas tarde si era varón, comenzaría su trabajo como monaguillo en la misma iglesia, que le proporcionaría unas perras gordas  al día o semana y algún trago furtivo de vino de misa así como  los reputados  “recortes de hostias”. Las ceremonias religiosas irían marcando los momentos más importantes de su vida: a la edad de la razón (7 años) la comunión plasmada en las primeras fotos, unos años más tarde la confirmación y, pasados los años, el matrimonio y la defunción. Durante todo el año, después del Rosario, los niños y niñas, al menos hasta la primera comunión, acudíamos a la catequesis en la Iglesia; allí memorizabamos el catecismo de la Iglesia, del Padre Astete.

Hacia los seis años se iniciaba la vida escolar unitaria y mixta en la escuela del pueblo, a la que dedicaremos un apartado otro día. Cada mañana, con el cabás, la pizarra y los pizarrines (todo casero) y con un feje de palos para la estufa, por veredas de nieve o calles de barro, a progresar adecuadamente con maestra o maestro y otros 30 compañeros. Ya en esas fechas y cada año más, algunos niños se trasladaban a León o a otras ciudades para realizar estudios civiles o eclesiásticos. Pallide fue, como veremos en otra entrada, semillero de muchos profesionales sobre todo dedicados a la enseñanza.

A los 18 se entraba en el mundo de los mayores, se convertía uno en mozo o moza con una fiesta de iniciación. Entonces se comenzaba a participar en los bailes. Ya antes, a los 12, se nos facultaba como pastores de corderos; a los 16 como pastores de ovejas y a los 18 podíamos pasar en el monte de Remolina semanas como pastores de novillas y participar en las hacenderas. El cambio del pantalón corto al bombacho o largo era el signo externo del cambio de estatus.

Pero, como niños, también jugábamos y haciamos trastadas. La recomendación de todas las madres, todos los días, en un medio tan duro e imprevisible, era la de que no volviésemos a casa “escalabraos”.

La comba y sus modalidades

Si hablamos de trastadas, algunas pueden calificarse de  pesadas con criterios de hoy; otras de arriesgadas y la mayoría de formas rurales de llenar el ocio sin ordenadores, televisores, juegos electrónicos ni telefono movil.

Cito algunas: Atravesar con una paja larga y seca  los tábanos de las vacas para que volaran como aviones; separar a los perros que ejercían su función reproductiva antes que la naturaleza lo exigiera; quitar los huevos a cualquier nido; matar pájaros con la carabina o tirapiedras; tirar con tirapiedras los nidos en los aleros de las golondrinas;hacer trampas en la nieve para que cayeran los mayores; juntar las madreñas a la salida de misa para armar un caos; vendimiar las manzanas y peras antes que su dueño; “contar los perrines” a los más pequeños en el campo; gritar, aprovechando el eco de las peñas, desde las Majadinas o las Peñicas pareados contra los niños de Orones o Reyero; tirar el farol para coger caramelos a tia Presenta el día de Santiago; asar patatas y cebollas de huerto ajeno; coger algunas matas de garbanzos verdes; mear o echar un sapo en el caldero que esperaba llenarse en la canal, liarse a pedradas entre grupos enfrentados, abrir la puerta de la corte para que se salieran los corderos del vecino fuera de hora, salir a cazar el gamusino con los nuevos motriles, pelearse dentro de un corro que jalea y anima a los adversarios, embarrar descuidadamente la ropa tendida, soltar en verano manadas de moscas perreras en el culo de las vacas ……..y muchas otras. Pocos niños varones de ese tiempo están hoy libres de cicatrices en su cuerpo, fruto de peleas y juegos. A aquello hoy se le llama bulling, acoso escolar y existen multitud de sicólogos y especialistas para tratarlo porque, al parecer, crea en los sensibles niños y padres actuales frustraciones vitales muy peligrosas. Y aquello no  era nada en comparación con  las que en esos tiempos ocupaba a  los mozos.

Pase misi pase misá......

Si hablamos de juegos no terminaríamos nunca, porque nunca pronunciabamos esa frase que tanto oímos hoy a los niños: “mamá, me aburro”. En realidad cada objeto de la naturaleza, cada tarea infantil tenía su componente lúdico: montar en el burro por primera vez para llevar un saco, meterse en el montón de trigo recien limpiado en la máquina,  hacer un pito o un cornete con corteza de salguero o rama de chopo, construir un molinete con cardenca, hacer un gato con juncos, botar un barco de corteza de árbol, montarse en el trillo sin caerse, hacer un caballo con un tronco, simular una escopeta con una tabla, jugar a las tabas con el hueso del cordero, diseñar y construir puertos y diques en las regueras, lanzar con pinzas de ropa pepitas de majuetas, soplar la vegiga del cerdo recien matado, caminar en zancos altísimos, mear en el refugio de los cigarras para hacerlas salir,rodar piedras desde el Pando o Entrelassierras,cazar lagartijas debajo de las piedras, meter hormigas a un hormiguero vecino para que lucharan, ensañar diferentes formas de silbar,…..

Vamos a elaborar un breve diccionario. Benito González en su esplendida página sobre Lodares, amplia algunos de ellos:

Resbalar: Con la pala untada de tocino sobre la nieve o con madreñas sobre el hielo o sobre resbaleros de nieve dura.

Esconderite o escondite: Uno cuenta y otros se esconden. Hay que buscarlos

La mula.“ A la 1 anda la mula a las dos el coz……”, saltando progresivamente sobre compañeros agachados.

Pinto, pinto, gorgorito. Para elegir a alguien que comience el juego.

Estaca. Varias estacas aguzadas se lanzan y clavan en el suelo blando sobre un círculo echando fuera a las competidoras.

Tirapiedras y arco de flechas de gomas de bici y madera de salguera.

Pase misi pase misá. Al ritmo del cántico alguien pasaba agachado bajo los brazos de dos compañeros hasta que la letra indicaba que le tocaba ponerse.

Corro de la patata. Universal

El patio de mi casa. Niñas

Peonza. Cuerpo de madera y rejón de hierro

Canicas.

Gallinita ciega. Alguien se tapa los ojos, le giran y tiene que coger algo.

Castro. Sobre un laberinto dibujado con tiza o sobre arena se desplaza con el pie una teja plana.

Comba. Con muchas variantes, incluidas las gomas

Manro. Alguien sostiene un pañuelo y dos grupos opuestos luchan por cogerlo

El castro (varones) Un bote vacío de conservas debe ser alcanzado y derribado desde una mano con una piedra plana.

Chapas. Tapas de cierre de botellas con un dibujo dentro que han de moverse por un laberinto, impulsados por los dedos.

Navaja. Parecido a la estaca; en este caso lo que se lanza es la navaja cada vez desde mayor distancia para clavarla en el círculo.

Gatos. Con juncos fuertes se hacen dos figuras semejantes a gatos que se atan y enfrentan entre sí hasta quedar el más resistente.

Rueda. Con la parte metálica de la rueda de bici y un hierro curvo, se trata de dirigir por la calle sin chocar.

Tirachinas de madera y goma. Tirapiedras

Honda. De cuero, para tirar piedras.

Arboles y peñas. Subidas y escaladas para distintas tareas: coger nidos, hojas o esconderse.

Juguetes. Muy limitados: camiones, coches, muñecas, armas de pega.

Luchas. Desde pequeños se luchaba en la modalidad leonesa y en los corros siempre había categorías de  infantil.

Fiestas de grupo: En Carnavales y Reyes. En una casa deshabitada se preparaban comidas con lo que nos habían ofrecido los vecinos, se cantaba y bailaba.

Salidas. Cuando comenzó la TV en Reyero, los domingos, después del Rosario, se salía hasta Reyero a casa de Agustín, Alfredo  o  de Fidencio; se veían con asombro los primeros programas del único canal existente en blanco y negro (Reina por un día, Cesta y Puntos…..), se ligaba interpueblos, se compraban golosinas y  la vuelta andando por el antiguo camino de la Vega.

Baños. Por el verano en el pozo de los mozos de la Puente, en Arianes en los puertos de Elias y Sidorín o en el molino.

Balón. Se incorporó tarde. Incluso se situaron porterias en una pradera de la Bargaña. Mas bien fue un juego de veraneantes.

Columpio. Con las sogas del carro atadas a cabrios o tirantes y como asiento una melena se montaban columpios en los portalones.

La nieve ofrecía grandes posibilidades de juego: desde los clásicos muñecos hasta las bolas, los túneles y los pozos.

Hasta los mayores participaban en las bromas y travesuras. Era corriente mandar a algún niño que pidiera en casa de algun serio y sesudo vecino un objeto inexistente como un mandrubio o una carrasca.

Como hemos venido observando en todos los apartados sobre la historia y vida del pueblo, lenta y progresivamente estos juegos se quedan sin jugadores, no hay trastos ni ambiente para las trastadas y más tarde la agresiva publicidad de la sociedad de consumo va incorporando nuevos juguetes y nuevas formas de ocio infantil que se convierten en globales. No los he visto, pero estoy seguro que los dos niños de Pallide juegan y emplean su ocio hoy como todos los niños de las ciudades del mundo.

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