Pallide: una empresa

Nueva casa rural de Pallide. Un lujo natural

La agricultura en su variante ganadera fue siempre la espina dorsal de la economía del pueblo. Pero su carácter autárquico favoreció la aparición de múltiples profesiones y negocios que iban dando respuesta, dentro del mismo pueblo, a las necesidades de cada momento. En realidad cada vecino era, además de agricultor, albañil, fontanero, electricista. Pallide fue y es una gran empresa polivalente.

Para que no quede nada en el olvido voy a intentar un recorrido siguiendo en parte el orden de las casas como si de echar la vecera o el agua se tratase.

Empezando por lo bajero del pueblo, teníamos a Sebastián  (Chan) que, limitado por su problema físico para la agricultura, dedicaba su tiempo al oficio de sastre y confeccionaba, con una máquina de coser instalada en su galería, aquellos pantalones de mahon y pana tan universales en nuestros tiempos. A esta misma profesión, en el campo femenino, se dedicó con éxito Esther la de tío Maximino.

Siguiendo el orden, tío Fausto completó unos años su oficio de agricultor con el de estanquero, trasladando la mercancía desde Riaño o Boñar. No se olvida aquel caballo y su serré, que creo todavía existe.

En la misma calle Angel y Chon instalaron un bar provisional y teléfono público, que lentamente fue tomando forma hasta convertirse en un restaurante de éxito en la zona, lugar de encuentro, reunión y centro de exposición de una multitud de aperos y artesanía de pueblo que así se conservaron. Angel compartió también estas tareas con las de molinero y comerciante de piensos. Como se ha sentido en su cierre, un bar es algo insustituible para la cohesión de un pueblo.

Y, aunque perdamos un poco el orden de casas, al negocio relacionado con la hostelería se dedicaron más personas en el pueblo. Es lógico citar en primer lugar el antiguo Bar / comercio de tía María, situado en un lugar privilegiado, en el que se celebraban las fiestas de baile de los mozos, se compraban bebidas y algunos de los alimentos indispensables. Un lugar de encuentro hasta su cierre en la década de los 80 y que tuvo que sustituirse por los bares y comercios de Reyero.

Al cerrarse el bar de María, Paco el pastor, que había venido a guardar las ovejas y que escribía interesantes novelas del Oeste, instaló durante unos años su bar a la entrada, en la antigua casa de Santiago. Recuerdo que allí se celebró la traída de aguas y el intercambio de agricultores con Austria. Del bohemio y especial Paco hablaremos en otra ocasión.

En el intermedio también Rafael actuó como depositario y comercial del almacén de bebidas que Amato tenía en Boñar con la marca estrella de “Gaseosas el Negrillón”. Un negocio también asimilado a la hosteleria fue el de las “patronas”: curas, maestros  y mineros contaron con posada en varias casas particulares. La construcción de la casa rural Solapeña en estos últimos años ha añadido un carácter profesional y moderno a la hostelería del pueblo.

Dejamos la hostelería y nos volvemos a los múltiples negocios del pueblo citando ahora los comerciales. Cuando llegaron las desnatadoras se añadió la tarea de comerciar con la manteca. A ese oficio, muy delicado por la naturaleza  perecedera del producto, de recoger y trasladar la manteca hasta Vegamian o Boñar se dedicaron varios vecinos con carros o caballerías que compitieron con comerciantes que, más tarde, pasaban a recogerla en furgoneta. Recuerdo Alfredo, Neri , tío Honorato, Tiano y creo que alguno más.

Dentro de las tareas agrícolas complementarias de la ganadería, pero rentables, pueden citarse el cultivo de colmenas y la elaboración de la miel a la que se dedicaron Isidoro el de tia Juana, Indalecio, Fonso el de Honorato y Mari. Una miel fuerte y pura que se vendía entre los visitantes.  En este mismo apartado se sitúa la recogida de setas. Inicialmente Neri, ya en León, las recogía para la fábrica de antibióticos. Después comenzó a recolectarse, para venta a Pais Vasco y Barcelona, la valiosa seta de San Jorge. La mayoría de vecinos han tenido en su casa auténticos profesionales de la micología, que proporcionaba ingresos complementarios, además de la satisfacción de la recogida.

La fragua. una industria del hierro

En la misma dinámica económica compartida existían especializaciones. Así para armar las casas se solicitaba la intervención profesional de algunos vecinos ( Tiano, German, Vicente, Santos), para matar el cerdo también había especialistas. Tía Victoriana ejerció durante generaciones de comadrona con admirable y generosa dedicación. En las labores médicas también ayudaba Vicente y algún vecino más como practicante de inyecciones y Castorina para arreglo de torceduras y roturas de huesos. Para hacer cantería se llamaba  a tío Epolpino, para cantar en los entierros o misas solemnes se convocaba a Pepe o a Alfredo, para labores de bricolage casero o comunitario Angel siempre estaba dispuesto. Para enderechar los cuernos torcidos de las terneras llamaba a tío Epolpino  ( que exigía el secreto) o a Rafael, para cortarse el pelo o afeitarse se recurría a la peluquería y lugar de reunión de Vicente, para cuidar el toro y controlar la salud reproductiva de las vacas a Emilio o Vicente y , si las vacas habían gastado los callos, nos poníamos en manos de tío Honorato.

También se ejercieron magistralmente oficios más industriales. Honorato disponía de una fragua completa en la que se afilaban picos y azadas, se limaban rejas de arado, se arreglaba todo  tipo de avería mecánica e incluso se  elaboraban piezas propias. Cerca de la fragua vivía tío Nicasio, procedente de Valbuena, con una profesionalidad en trabajos de madera y carpintería, que heredaron sus hijos. Demetrio elabora en la actualidad, con su inseparable navaja, piezas de artesanía.

En un tiempo tío Epolpino fabricaba y vendía alpargatas de gran duración así como unas figuras realizadas a partir de cuernos de vaca, que imitaban pájaros.

En el campo del bricolage, independientemente del trabajo que realizaba Antón, el hojalatero con los peroles, baldes y paraguas, hay que reseñar el trabajo de Francisco, el molinero. En los largos tiempos muertos entre molienda, arreglaba relojes, radios, mecheros, gramolas y estañaba y soldaba  con maestría todo cacharro que se le entregase.

En el mundo de los servicios, también se disponía de profesionales. Durante años el servicio de recogida y envío de correo estuvo en manos del inigualable conversador  Pepe el Correo. También creo que ejercieron Emilio y German. Desde hace años, ya motorizado, nos comunica con gran regularidad, Indalecio.

Durante muchos años, el papeleo administrativo estaba en manos de Froilan, que ejercía como Secretario del Ayuntamiento. Y tampoco en este terreno hay que olvidar al Tío German, maestro del pueblo a comienzos de siglo y que ejerció, además, de gestor de herencias, papeleos, medición y  permutas de fincas. Todo el mundo conserva en su casa abundantes y precisos documentos personales, que refejan su mano en la letra y en la redacción.

Como habeis comprobado, un pequeño estado, un microcosmos económico, una solución magistral de economía en una época de crisis y globalización. No cito a los que, nacidos en Pallide, terminaron ejerciendo sus profesiones en el campo de la emigración. Para ellos habrá otro espacio.

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