La presencia de los ausentes

Una coincidencia

Vista de la peña Armada desde pantano

Aprovecho la fiesta de hoy. Dia de los Difuntos,  al inicio del mes de Noviembre,  para dar publicidad a fotos que amablemente me ha enviado Alfonso y que tienen como denominador, traer al recuerdo a personas que en su mayoría ya no están con nosotros, vecinos antiguos que han sido participantes de la vida del pueblo. El color negro de la mayoría de las fotos no debe a llevarnos a emociones de pena; son simplemente el exponente de su antigüedad.

Algunas de estas fotos reproducen para los actuales vecinos los rostros  de quienes en este momento solo permanecen en la memoria de sus amigos y familiares, porque ya el tiempo ha borrado muchas lápidas y allanado túmulos. Durante muchos años el enterramiento se realizaba en el suelo y la tierra removida  era el símbolo exterior de su presencia. Así han descansado miles de vecinos del pueblo en el actual cementerio, en la Iglesia o cerca de las tres ermitas.

El tiempo solamente ha conservado el nombre de dos antiguos hidalgos vecinos en la piedra que adorna la entrada de la Iglesia, ha semiborrado algunas lápidas y cruces antiguas, pero sus nombres permanecen en los libros oficiales, en los censos o en los contratos y testamentos y en las lápidas actuales del cementerio.

Foto de boda

Los recuerdos enterrados

Pero existe otra presencia que siempre me ha impresionado. En cada piedra, en cada cubierta de la casa, en cada camino y en cada huerta se ha inmortalizado el sudor y el trabajo de cientos de generaciones. Cuando el arado levanta la tierra o la guadaña siega la hierba la imaginación puede convertir en lápidas con nombres  anónimos la tierra y la pradera. Hombre y mujeres con manos callosas, con espaldas encorvadas, con vestidos elementales nos gritan su presencia y nos recuerdan que en muchos de nosotros existen sus genes y que lo que hoy somos y tenemos es el resultado también de su vida… Esas piedras desgastadas por las ruedas de hierro y madera del camino de Remolina son lápidas como lo son las esquinas de algunas casas heridas por el roce de los ejes del carro al girar o los arcos y figuras esculpidas en algunas casas. Los burdos corrales de piedra de el Canto o de el Ensanche o las viejas piedras del chozo de piedra son también recordatorios como lo era la antigua piedra de la entrada de la Iglesia o las losas del lavadero del Fontano.

Lluvia esperada

Pasando a nuestros tiempos, después de un verano y otoño especialmente secos comienza ahora a llover, muy tarde para el ganado y para miles de plantas que no han podido resistir la sequía.

Siguen llegando noticias de obras. Ahora es el río Arianes que está siendo limpiado de unos márgenes que el paso del tiempo y la ausencia de vecinos ya  desbordaba en salgueras y salgueros. Una esperanza para la regeneración del río ayudada por las depuradoras. Dentro de algunos años podemos imaginar nuevamente las veloces truchas, los barbos y los cangrejos poblando el río.

También se va iniciar por fin, la carretera que unirá Primajas con Corniero.  Puede ser importante para el turismo, aunque la mayor circulación traerá problemas a los propietarios de animales.

Un nuevo invierno se acerca y la nieve marcará el ritmo de los días y las noches, más tranquilo pero más solitario.

Hace setenta años, tal día como hoy, se celebraba misa solemne de difuntos a la que seguía la visita al cementerio salpicada con los responsos repetitivos de los sacerdotes, ataviados con sus dalmaticas negras. “Réquiem aeternam dona eis , Domine”. Ya había nieve al menos por los altos “por los Santos, nieve en los altos” y las zapatillas y escarpines daban paso a las madreñas y las botas de goma.

Pallide, de todos los santos. Memoria y paz para los ausentes

Seis de enero de 1965 (AGC)

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