La hierba (la yerba)

La hierba

Pallide desde la peña Lende. Al fondo Linares


Dos paisajes, dos etapas

Si hace sesenta años hubiéramos contemplado en junio desde la peña Lende toda la extensión del valle de Pallide, el panorama sería muy diferente al actual. Grandes extensiones de pradera de secano, de prados de regadío, ya maduros y dispuestos para la siega; de pacederos y ejidos de los comunes que ya estaban parcialmente pacidos por las veceras y entrepanes. Pero, al tiempo, hubiéramos contemplado , desde Solapeña a Remolina, desde los Regueros a las Fejinas, intercaladas entre las praderas, grandes extensiones  de trigo, de centeno, de cebada, de corricasa y de cultivos todavía verdes de garbanzos, lentejas, patatas, titos y arvejos. Algunas extensiones verdes aparecían dedicadas a los nuevos cultivos más productivos de alfalfa y trébol y a pequeños huertos de temporada, sobre todo en la Vega.

Si hubiéramos repetido la vista en los años setenta, el panorama cambia radicalmente: no hay cultivos de cereales en absoluto, tampoco de patatas, lentejas y arvejos. Solamente unos huertos pequeños, en la Vega o alrededor de las casas, presentan pequeñas zonas de cultivo huertano. Todo es hierba, para segar o para pacer, de secano o regadío, particular o común. Una cambio lento de paisaje que muestra también el cambio en la economía y en la forma de vida.

Un largo y complejo proceso

La hierba ha sido, desde siempre, la espina dorsal de la producción de leche y carne. Es un monocultivo. Por eso también el trabajo de la hierba siempre ha sido la tarea fundamental de verano. Anualmente, este trabajo se inicia en abril, cuando la nieve abandona definitivamente las zonas más bajas del valle después de haber  enriquecido lentamente el humus y haberlo completado con el abono esparcido con la rastra o con los restos de boñigas del ganado.

Es entonces cuando, aprovechando las heladas tardías, se realiza el trabajo de la rastra. Un buen espino sacado de cuajo, se entrecha y  se le añade peso. Una pareja de vacas, después el tractor, lo arrastran por la pradera nivelando la superficie para la siega, arañando la tierra para oxigenarla y distribuyendo el abono de forma regular.

En los meses de mayo y junio se inicia la pación, controlada y organizada con detalle por vaos que se abren y cierran de acuerdo con normas antiquísimas de la  Junta vecinal, de las praderas comunes, los ejidos y los pacederos particulares. Son las veceras y entrepanes.

Mientras tanto la hierba de las praderas ha madurado, antes por San Pedro, ahora ya a mediados de junio. Y se inicia la siega después de haber adquirido los últimos aperos en la feria de Boñar. Previamente se han picado y afilado las guadañas, se ha pasado revista al gachapo, a los hierros de picar, a los rastros y a las horcas de mango largo y corto. Se arma el carro con los armantes de hierba, de latillas largas y picos fuertes encastrados en los fajones. Se añade una rabera atrás y unos cordeles adelante para aumentar el volumen de carga. Se revisan y recogen enlazadas en forma de ocho las sogas.

La siega

Por la mañana, muy temprano, para evitar el sol ardiente, los segadores, varones mayores de 14 años se dirigen al tajo y van segando, centímetro a centímetro, finca a finca. La hierba queda extendida de forma regular en marallos. De vez en cuando es necesario afilar la guadaña con la piedra humedecida del gachapo y también, al menos una vez al día, picarla. Una sinfonía de sonidos metálicos de afilar, de tonos agudos de la guadaña al cortar, y de toques de picar con los hierros llenan las mañanas del valle.

Se hace un descanso para echar las diez y se rematan unas horas hasta que el calor se hace insoportable. Los riñones chirrían, los músculos de los brazos se tensan, los callos de las manos sangran y endurecen, el sudor corre a raudales por la cabeza cubierta con amplios sombreros de paja o con la boina. La siega era un trabajo muy duro.

La hierba segada permanece un tiempo en los marallos secándose si las tormentas y nubes frecuentes no lo impiden. Cuando seca de una parte se le da la vuelta para que seque por la otra.

La siega, como todo, cambió con el tiempo: primero llegaron las máquinas de segar con ruedas, tiradas por vacas, que movían una cuchilla, después la máquina de motor con cuchilla al frente; finalmente los discos adosados al tractor. Una sola persona podía segar en un día, cómodamente sentada en un tractor con música y aire acondicionado, la misma superficie que cientos de segadores en un mes.

Del carro a la tenada

Pero volvamos a la hierba ya seca. Los pequeños marallos se juntan en marallos más grandes para poder ser cargados y se acerca el carro tirado por una pareja de vacas que cabecean por el ataque sin piedad de las moscas. Y aquí interviene toda la familia: los niños espantan las moscas propias y las de las vacas con una rama de chopo; los más fuertes cogen grandes horconadas de hierba, las compactan y las echan al carro, los restantes miembros van rastreando los restos de la hierba que queda, el mas experto “carga de arriba” poniendo de forma regular cabezas formadas por horconadas apretadas, paredes laterales y hierba pisada en el centro para aglutinar la carga.  El carro se carga en altura, se peina para que esté cuadrado, incluso estético, se echa la soga para mantener la carga en caminos muy accidentados e irregulares. Cuando el carro se inclina la familia se agarra a la parte contraria para hacer contrapeso y que no entorne.

Las mujeres, a diferencia de hoy, temían  el moreno de la hierba. Por eso las jóvenes se tapaban la cabeza con grandes sombreros, la cara con pañuelos semejantes al Hijab de las musulmanas actuales, los brazos con amplios manguitos y las piernas con pantalones o vestidos largos.

Tres o cuatro veces al día el carro llega, con el orgullo retante del cargador, al cuarterón o boquero de la tenada. Allí se mete, horconada a horconada, los niños e incluso las ovejas pisan la hierba para sanearla y la tenada se va llenando para el largo invierno. La faena de la hierba termina en Pallide siempre para la fiesta de Santiago; antes de esa fecha existe una especie de competición por ver quien pone primero el ramo de chopo en el carro como señal de que el trabajo ha terminado.

Y entonces, un ritual repetido: en los pozos de la Puente, los niños y jóvenes hacen el  cambio de mudas, jabón y baño. Hay que tener en cuenta que en Pallide y en otras zonas rurales hay constancia de varias personas que recolectaban la hierba con camiseta de invierno porque no sudaban nunca.

Y lo  mismo que sucedió con la siega, la recolección también se ha automatizado. Primero los rastros de dar vuelta y recoger, después las empacadores y finalmente  las cosechadoras en rollos sin aire, han logrado que una sola persona pueda recoger en un tiempo record lo que antes costaba casi un mes a toda la familia.

El trabajo continúa

Pero el trabajo no termina aquí. Los prados secanos seguirán presentando hasta el otoño, las huellas regulares  del corte de  los marallos, pero en el regadío comienza la época del riego. El agua se conduce desde la boca de Remolina por la presa de riego, o se aprovecha el reguero, algunas fuentes e incluso se saca del río con varios puertos o con motores. Pallide es un terreno seco y el agua es un bien escaso; por eso las normas vecinales regulan con detalle su distribución por “horas de riego”.

Ese trabajo logra que, incluso en los agostos mas secos, las vegas regadías presenten un aspecto verde, los otoños. Desde septiembre hasta entrada del invierno el ganado se alimentará de esta segunda cosecha de hierba. Los otoños más próximos al pueblo se segarán, se recogerán en sacos y se llevarán a hombros, a lomos de burro o de pequeños carros para alimentar a vacas cojas, a recien paridas o enfermas que no pueden salir al campo. los restantes se pacerán hasta la llegada del invierno.

En invierno, en las tenadas, tres veces al día, se mesará la hierba con el gabito o cortará con el hacha, se mezclará con paja y pienso y se distribuirá por los cebaderos y pesebres entre todos los animales: vacas, novillas, jatos, burros, ovejas. Por eso, en previsión de inviernos largos, el trabajo de la hierba es tan importante.

Hay montañas, pero también llanura

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