Itinerario 3. Los dos lados del río.

Machorras 90 (AGC)


De Arianes a la Era del Barrio

Para hacer este último itinerario, que recoge los nombres de los diferentes lugares del pueblo vamos a utilizar como guía el cauce del río Arianes, que nos permitirá visitar sus amplios márgenes, a derecha e izquierda.  Lo que nos queda por visitar tiene su vértice en la entrada de Arianes, deja a su izquierda y Norte  la carretera que sube al pueblo por San Roque y  también al camino Carro que llega a Remolina. Al  Este los terrenos de Reyero y al Sur tierras de Lodares, hoy de la Confederación del Duero. Y por el centro de ese triángulo, desde el vértice a la hipotenusa, el río Arianes.

Iniciamos la entrada por  Arianes, llegando por la actual carretera desde las márgenes del pantano, justo en la parada de bus. Junto al río estaba el antiguo pago común del Juncal , lindante con terreno de Armada, que daba paso a la llanura cultivada de Arianes: cereales, patatas y garbanzos, lentejas y yeros junto a la perfecta y larga pared de piedra de la “huerta de tía Encarnación”, pegada al camino viejo y al cauce del río, todo ello hoy inundado con las crecidas de la cola del pantano. Al otro lado, en la margen izquierda del río se extienden los Nasos, el Cerro de la Cuba, terrenos de Santa Colomba, lugar de un antiguo monasterio cuyos cimientos son visibles  al lado de Lodares y de la Fondoguina hasta los Peñones Negros, en los que destaca el Peñón del Hombre. Montes de roble, piornos y escobas y buenos pastos comunes para los entrepanes. Recordamos con nostalgia las interminables reuniones de los pastores,niños y niñas, que guardaban su ganado en los ricos pastos de los Nasos y la Praderona.

Separando los terrenos de Pallide y los antiguos de Lodares, la Cuerda, por donde pasaban los rebaños de merinas trashumantes a la ida en mayo y a la vuelta en septiembre. La imagen del rebaño, precedido de los carneros con sus cencerros enormes, los perros mastines alrededor, los pastores con sus burros y mulos llevando la impedimenta se repetía año tras año en su paso al puerto de Remolina en Pallide o a puertos de Tarna, Lois, Solle o Maraña.

Siguiendo la ruta desde el río a contracorriente podemos ascender desde el Collado a  Tras de la peña Lende, una subida suave donde abunda el te y el orégano, plagada de pedregales con restos de antiguas ruedas de piedra de molino y actualmente visitada por un rebaño de cabras. Bajamos de la peña y pasamos por el alto del Collado y su arenero hacia los Yerbos y las Tajadas sembradas de peñascales, restos de la erosión de la joven peña caliza, y de mostazales que miran hacia el próximo edificio del molino con el terreno del Cubo, el río y los terrenos de detrás y delante del molino. De aquellos pedregales se bajó toda la piedra que hoy pavimenta el camino de las Cuartas. La peña Lende , con su cruz en el alto,  está cortada por los Canalizos y el Huerto de la Isobana, y preside todo el paisaje. Enfrente del molino, al Norte se inicia el antiguo camino a Reyero, comienza la llanura de pradera común y privada de las huertas de pastos de  la Bargaña que se  extienden también por la amplia llanura de las Cuartas (Cuartas cimeras, del medio y bajeras)  hasta los edificios del pueblo rodeado al sur por  las Cortinas, el alto de San Roque, lugar de una antigua ermita y  la Era el Barrio.

De la Era del Barrio al Meredán

Desde la Era el Barrio y las Suertes cruzamos por Entre los Molines, antiguo emplazamiento de dos molinos, la carretera hasta el Prao canónigo y el Prado Luengo, donde se preparaban la mayoría de eras para la trilla y hoy presentan sus ruinas dos casetas ( Fernando y Valeriano)y una reconstruída (Melquíades).  En las casetas se guardaban los trillos y los armantes de la paja, la maquina de limpiar, los aperos de la era y se comía a una sombra apetecible durante la trilla. Hablando de las eras, no todas estaban en el mismo lugar. Demetrio y Honorato trillaban cerca de su casa; Alfredo tras de la Escuela, Lisandro y Mino cerca de su casa, Fonso el de Castorina, Rafael, Manolo el de Encarnación, Pepe y Epolpino en la Eras: Santos, en su huerta junto al portalón, Consuelo en el alto del Prado Luengo; Tomás en la era de la fiesta; Froilan, Antonio, Fausto, Encarnación y Elias, al lado del reguero; Severino, Manolo el de Gabriela y German al otro lado del Reguero, en la Pendona; Maximiano, Cándido, Fernando, Valeriano y Melquíades en el Prado Luengo, junto a las casetas. Pero curiosamente, nadie trillaba en la Era del Barrio.

El Prao cerrado limita a un antiguo camino ya casi inexistente que pasa al lado del portalón de Santos y llevaba desde el pueblo al camino Carro. Desde el Prado Luengo y tomando como eje y fuente de riego el Reguero, se extienden fincas del mismo nombre y las de  la Cruz que llegan hasta la gran curva del camino a la Cudiadiella, límite Norte de nuestro recorrido. El cerro del Canto y la  Pendona delimitan este terreno con el Llombo.

Volviendo a la carretera actual cerca del pueblo, dejamos a izquierda y derecha en dirección a Reyero, los verdes  regadíos de la Vega y los pequeños huertos próximos al camino hasta su conexión con el camino viejo de Reyero que llega desde el Pozancón. Un poco antes el en el Pical se bifurca el camino: uno, con mal firme que lleva a las fincas de Llombo, la Vallina, Florero, los Picones, la Laguna y el Meredan, lindando con terreno de Reyero ya al lado del río de Remolina. Otro lo forma  la carretera que llega a los otros pueblos del valle. Todo este terreno tiene dos vistas: la verde del regadío que se extiende bajo la presa de riego que parte de la Boca de Remolina, pasa por la Laguna, el Pozancón, la Vega y se bifurca hacia las Cuartas y hacia el molino, siguiendo el margen del antiguo camino a Reyero. La otra vista es marrón, el secano que se extiende por la parte superior de la presa o donde esta ya no llega en la época de estiaje.

Un círculo cerrado: Del molino al molino

Realicemos ahora un giro radical. Volvamos por la carretera  hasta el Molino y sigámosla a contracorriente del río por su margen derecha en dirección a Reyero: Cuartas bajo el camino, que llega al mismo cauce, Culo Ratón, la Espina, Pozancón, Recodos, nombre debido al meandro que presenta el río y Ribota, con su puente, ya con fincas comunes de ambos pueblos. Aquí cruzamos el río hacia el Sur y, subiendo, encontramos: El  Espinaredo, Las Peñicas, con su cueva del Oro, El Aspra, La Cañada,  Traviesas, el lugar de las fuentes del pueblo,  Era de la vaca, Grandapodre, con sus pequeñas lagunas, Moroquil, ( el alto, el llanico), lugar común de beceras y entrepanes y de las consiguientes reuniones de pastores, Fonfría, fiel descripción de su agua, Congosturas, praos amplios y llanos que contradicen un nombre que parece referirse a estrecheces. Más arriba, Huertas del otro lado, y Pandil Quemado. Más hacia el Sur, la Cuerda por donde corría el camino que llevaba a Pardomino , transitado para ir a por cepas y con las novillas en el terreno que allí tenía el pueblo y que hace de  linde con el terreno de Lodares.

Bajamos del Moroquil por el camino de los nuevos Portales hasta la Puente y sus Ejidos comunes, también lugar de entrepanes y veceras, que da entrada a la llanura de pradera de Socollada limitada por  el Barranco, hacia el Este, y Punta de la peña y Solapeña, lugar de pacederos y tierras cultivables muy productivas para cereales. Desde Socollada, bajando al lado del río, el alto de la Serrica y el Soto, justo al lado del remanso de la presa del molino.

Cerramos en el molino nuestro itinerario. Allí hubo casas con personas, la familia de Manuel y Angela. Un incendio los llevó hacia el pueblo y hoy todavía se ven los cimientos. Todo el margen del rió ha sido plantado de chopos. En su tiempo existía una presa con dos buenos márgenes, que partía del actual puerto y que se llenaba para coger presión. Sus márgenes cobijaban unos cuantos cirujales de ciruela blanca. El agua salía nuevamente al río por un desagüe en el que quedaban atrapadas cientos de truchas cuando se cerraban las compuertas. Por el camino a Reyero bajaban con sus burros o carros de vacas vecinos de Primajas, Viego y Reyero a moler la maquila.

Así termina nuestro recorrido por todos los lugares de Pallide. No es un recorrido turístico, es un recorrido contra el olvido y a favor del recuerdo.  Han quedado lugares que ya me cuesta identificar su localización: Ceresalina,  Fosfoguera, peña del Hortelano,la Majada, Rompido, …..

Es muy posible que los jóvenes de Pallide, hijos y nietos de aquellos esforzados vecinos, no necesiten nunca  orientarse en el terreno para llevar sus vacas, para arar su tierra o para regar su finca, pero es probable que les sirva para identificar los setales, para situar la caza, para seguir un paseo o, simplemente, para dar nombre a lugares transitados, trabajados e incluso transformados por sus mayores y, que por lo tanto, también son suyos.

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