Itinerario 1. De Arianes a Liébana


Para visitar todos y cada uno de los lugares de Pallide que tienen nombre, vamos a realizar un viaje imaginario por cuatro itinerarios. En el primero, partiendo desde Arianes en dirección al pueblo, visitaremos la parte norte de la carretera  hasta Pallide; desde allí subiremos por Camino Carro continuaremos por  el camino de los Regueros y realizaremos  un recorrido visual por el terreno situado al norte y oeste de ese camino  hasta su conexión con Liébana y terreno de Solle.

Pallide desde la peña Lende. Al fondo Linares

Antes del llenado del pantano a Pallide se llegaba desde el Suroeste por dos rutas que enlazaban el pueblo con el coche de línea de Catalina que hacía el recorrido de Boñar a Cofiñal. La primera provenía de Vegamian, pasaba por Lodares y finalizaba en   la Colladina de Lodares aproximadamente por donde hoy trascurre la carretera. Allí superaba el río Arianes por un puente  (puente de Arianes o de los perdones) de madera y se unía a la ruta que venía desde las Cuevas y Armada al lado y en dirección contraria a la corriente del río. Desde allí, en paralelo a la carretera actual, un camino con buen firme y recto en una llanura cultivada de cereal, patatas y garbanzos, hoy la cola del pantano, nos acercaba a la Praderona. Volviendo a la conjunción del terreno de Lodares y Orones, la carretera actual deja a la izquierda Valdeorones, último pequeño valle territorio de Orones que enlaza con la Matándana, monte de roble y hoy repoblada de pinos en algunas partes. Las aguas vertientes de esa mata indica el límite de terreno de Orones y Pallide. Cerca del puente, el  terreno de Pallide comenzaba en el Juncal, terreno común que se arrendaba todos los años a particulares.

El Alto de la Matándana marca el límite de Pallide con Orones hacia el Norte.  Volvemos a la carretera nueva que discurre hasta la curva de la Praderona, hoy repoblada  de chopos adultos al lado del puerto  que regaba la finca de los Nasos. Cruzamos el río por el puente de las Piedras, que sustituye con hormigón un antiguo puente de madera ya renovado con ladrillo en tiempo de la mina. Debajo del puente mana una abundante y fría fuente ya insertada en el mismo cauce del río. Un poco más arriba   partía un canal de riego desde el puerto de tía Encarnación hasta Arianes.

Entramos en el terreno de Tras el Collado, un conjunto de fincas llanas antes siempre cultivadas. El camino giraba hacia la izquierda y, bordeando las fincas, salía a la Bargaña por el angosto paso de Entrepeñas, entre el Enterradero de animales y el antiguo molino. Las frecuentes riadas en Entrepeñas y al ahorro del atajo promovieron el trazado de la carretera actual  que pasa por el Colladín, entre dos antiguos areneros, se une  al viejo camino ya en la Bargaña por un puente nuevo de hormigón que sustituye al de piedra y madera, hoy en ruinas. Desde allí el camino  se bifurca: la carretera sube hacia Pallide y el camino antiguo sigue su curso por las Cuartas, el Pozancón y Ribota hasta Reyero. Esta será la línea Sur de nuestro próximo itinerario.

Atrás hemos dejado la puntiaguda  y horadada peña del Collado, la de la tía Josefona o Alba blanca llamada así por ser la primera en recibir el sol mañanero. Desde esta peña hacia el Norte se abre el valle de Yermo, con fincas en su parte inferior y mata con pinos y urces en  la media y superior que llegan hasta terreno de Orones, etapa final del careo de las beceras de corderos. En el valle, tras la citada peña, aparecen unas aisladas matas de avellanos y una pequeña y fría fuente aprovechada con un depósito para riego de una finca. El valle se cierra con la suave y amplia pendiente de la parte oeste de la peña Loja y se corona con el lugar de los LLamargos, fuentes diseminadas y terreno inestable y verde, dando paso hacia el este por el Collado Moratín donde hoy destacan unos gigantescos pinos plantados por un vecino innovador hace muchos años.

Al fondo la masa caliza de peña Lende

Volvemos al margen del río en la Bargaña, cerca de la fría fuente  del mismo nombre pegada al cauce del agua. Dejando al oeste la Peña  Loja, aparece el terreno de Fuenterrey, muy soleado y con pastos y buenas fincas de cereales, arvejos y patatas. Por el Norte se cierra con la  corona de las tres peñas de Entre las Sierras , la del Medio y la Arbeyera. Una fuente cerca de la peña, Matacristianos, también fue aprovechada como  riego con depósito. Proxima a ella, en la misma peña, estaba la cueva o repecho donde generalmente sesteaban los corderos, esperando que la sombra de la peña Loja llegase a los Arenales y la de la peña Lende a Pandil Quemado; eran las cinco de la tarde y hora de volver a casa.

Dejando la carretera hacia la derecha nos encontramos, antes del pueblo con el cerro de San Roque, lugar de una antigua ermita y, curiosamente, del primer vertedero controlado, rodeado por el antiguo camino. Al Oeste del pueblo se extienden los Arenales, último lugar  donde se cultivaron cepas de vid. Allí esta el cementerio. Hacia el Norte, pasadas las tres sierras y las matas que crecen entre ellas, se inicia el orgulloso y extenso  robledal del Corón por cuya parte inferior pasaba la vereda de Orones, que partía  de la Barrera y atravesando Tras la Iglesia, seguía transversalmente por Entre las Sierras, pasaba la pequeña fuente bajo el Corón , el sextil de corderos y el peñón Ceacero penetrando por el monte hasta Orones. Vereda de fiestas compartidas y de rondas, hoy comida por el monte y borrada por la ausencia de caminantes.

Bajando un poco nos situamos ya en la parte Norte del pueblo rodeado de lugares como  la Cortina, la Colmena, Tras la Casa  y la Ternalera, pradera de iniciación de los terneros y hoy poblada de escobas, que se extiende hasta los altos del Pando y Pandico. Allí, cerca de unos peñones del Corón bajero, hoy ocultos por la mata de roble que se extiende cada año hacia el pueblo, nace la fuente de la Canal, recogida en un antiguo depósito subterráneo  hoy sustituido por uno circular para todo el agua del pueblo. Avanzamos por el camino Blanco dejando la antigua arenera a la  a la izquierda  y entramos en el territorio de Tras el Pando y de Los Regueros (bajo, medio y alto) cortados por tres  riachuelos, el procedente de las Fuentes del Ferrero, de agua constante, la corriente escasa  que baja por el verde y estrecho valle de Santa Eugenia y por el que desciende de peña Liviana y Lampas con cauce únicamente en época húmeda y que se une al  del Reguero unos metros mas  abajo de Correlaloba. A su derecha e izquierda, decenas de pacederos muy visitados por vacas y pastores en primavera y de antiguas tierras fértiles de cereales de secano. La entrada de los Regueros enlaza con las Majadinas a través del terreno común del Carquesal, por donde hoy se ha trazado una pista para tractores hasta las Lampas.

Las   Majadinas se extienden entre el Corón y Los Regueros, amplio y largo lugar de pasto y al tiempo de Cañada de  paso de la vecera de ovejas. En la falda  Este del Corón otra fuente tiñe de verde la pradera y es recogida en un pilón, hoy casi seco. Cerca ya de Peña Liviana, un mojón marca el límite entre Orones y Pallide.  Por allí y bajo la peña pasaba la vereda utilizada para llegarnos a la Biesca de Solle a cortar hijadas o recoger avellanas. Continuamos por las Lampas, tierras de cultivo y pasto, y su Cañada de paso de ovejas correspondiente cruzando por encima del peñón del tío Juan al lado del reguero. Y llegamos a las Fuentes del Ferrero. Dos manantiales perennes, praderas de buen pasto y un valle muy setero y con olagas  nos llevan hasta el límite de Orones marcado por un solitario peñón. Una fuerte pendiente de peñascos desde los Cerros nos conduce a la collada de Solle.  Desde el alto pelado del pico Runción y cerca de las ruinas de un antiguo corral, volvemos la vista para controlar todo el espacio de los Regueros.

El camino que hemos dejado a la entrada de los Regueros continúa por el alto del Moro y constituye  la espina dorsal del Colladín de los Dineros hacia Liébana pasando por la mata del Espino cerca del actual Lago de la mina, antiguo lugar de cultivo. Por una fosfoguera complicada escavada en  la roca, pasaba hacia el alto y estrecho valle de Liébana, con tierras que fueron de cultivo pero que actualmente están pobladas de escobas y piornos propiedad a medias con Solle y frecuentemente pirateadas por los vecinos de Pallide, en tiempos de escasez, para encender el fuego del horno.

Hay montañas, pero también llanura

A unos cientos de metros en la entrada del valle, un mojón al lado del camino señala el límite  Norte con  el terreno de Solle marcando la divisoria en línea Este hasta la mitad posterior de la peña de Remolina con vistas a Linares. En la parte baja de Liébana, en la misma angostura de la peña que da vista a la laguna de Tresmonte nacía otra escasa y original fuente.

Estos son los nombres comunes de varios lugares. No existía una división exacta entre ellos, por lo que algunas fincas o pagos  eran señaladas con nombres propios por sus propietarios. Cada nombre tiene su razón y su historia real referida a personas o sucesos casi siempre perdida en la noche de los tiempos. Sería curioso saber por qué un trozo de los Regueros se llamaba Correlaloba, por qué el Corón o los Arenales, qué había conducido a vecinos de otros tiempos a llamar a unas fuentes Ferrero o Matacristianos qué sucedió en  el pico Runción, Colladín de los Dineros, Fuenterrey o Culo Ratón para que se llamaran así.

Algunos nombres se han tratado de explicar con fantasías populares como la cueva del oro, cueva del arca o collada de los muertos; otros corresponden a datos y hechos que todavía los mayores recordamos como San Felices, San Justo, Tras la Iglesia, Entre los Molines, el Molin de la hoz o la Cañada. Otros son recientes y los hemos puesto nosotros: Lago de la mina, el Cargue, Molino, Peñón de los sementales, Chozo de piedra, Corrales del Moroquil, Depósito nuevo, Depuradora, etc . Cuando todo ello desaparezca, que inevitablemente desaparecerá, siempre se sabrá por qué los hemos llamado así.

En este punto termina nuestro recorrido; nos internamos unos metros en terreno de Solle y bebemos el agua fría en el escaso pilón de su fuente frente a un antiguo corral y chozo de su puerto de merinas.

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Un recorrido de cuatro kilómetros, de una hora y media, con suaves pendientes y buen firme.  A por él.

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