Gentes de paso

Gentes de paso

En otras épocas se contaba de vecinos del pueblo que habían nacido y muerto en Pallide sin haberlo abandonado nunca. La carretera y las facilidades de comunicación han creado las condiciones para que la situación  no vuelva a repetirse.  De todas las maneras, aún siendo un pueblo geográficamente aislado, siempre han convivido con los vecinos estables, las gentes de paso que han compartido con ellos desde horas hasta meses. En muchas ocasiones aportaron informaciones nuevas, historias de otros lugares y siempre ofrecieron servicios puntuales o fueron huéspedes pasajeros de nuestras calles.  Cazadores, tratantes, capadores, inseminadores, vendedores, controladores,  canteros, pastores, gitanos, hojalateros…….   A ellos dedicamos esta entrada

Comprar y vender


En este apartado vamos a colocar a los que llegaban con el objetivo de algún tipo de comercio, de vender o comprar.

En primer lugar, los tratantes. La venta del ganado se realizaba  generalmente en las ferias de Boñar o Puebla de Lillo a las que se acudía masivamente cada año llevando algunas veces el ganado a pata. Allí, en el ferial preparado para ello, se exponía el material a vender y los tratantes, venidos sobre todo del Norte de España, ofertaban  para llevar grupos o lotes de ganado. El sistema de trato era oral, basado en la palabra dada y en el apretón de manos, después de un curioso tira y afloja muy teatrero, el “regateo”, en el que siempre intervenía un mediador tercero.     El dinero se entregaba al contado procedente de fajos que se guardaban ostensiblemente en el bolso de los pantalones o de una especie de blusa amplia de paño que se colocaban algunos tratantes.

Después se comía en los restaurantes de la zona y vuelta a casa con o sin ganado: “Cada uno contaba la feria como le había  ido en ella”.

En otras ocasiones eran los compradores o tratantes los que se acercaban al pueblo para llevar el ganado a ferias más grandes o a los mataderos. El procedimiento era el mismo que en las ferias. Había tratantes especializados. Así Bienvenido el de Boñar “Benido”, compraba gochines, Dionisio el de Puente Villarente, terneros y novillas, …..y todos tenían su marketing particular. La venta de burros, ovejas o cabras se hacía más bien a nivel local o comarcal.

En segunndo lugar, los vendedores en general. Hubo vendedores de alimentos básicos, como el pan, el aceite o el arroz. A ellos pertenece una generación de bravos comerciantes que sorteaban heroicamente las torvas y nieves del invierno con sus caballos desde Vegamian: Florentino, Carbajo, Jose Espinosa y su mujer Sofía. Después fueron apareciendo los isocarros y las furgonetas: Fiuza, Pepe el de Redipollos,……. Con otros nombres, siguen abasteciendo todavía algunas urgencias alimenticias, porque las compras mayores ya se hacen en Boñar, en los mercadillos de Puebla de Lillo o en los grandes supermercados de León. Se han mantenido los viernes los fruteros del Páramo que, en los viernes de todo el año, de invierno y verano, visitan el pueblo y posibilitan el único momento de reunión de los pocos vecinos del pueblo. Debemos agradecerlo.

Anticuarios. En los 90 se inició la fiebre de las antiguedades. En las casas se conservaban “telares” “achiperres”, aparentemente sin valor, pero que fueron tomandolo ante la visita de los anticuarios. Trillos, calderas, cacharros de cobre, baules, mesas e incluso los aperos de labranza que se quedaban sin uso fueron vendiéndose a los anticuarios a veces a precios bajos y hoy adornan casas y chalets de toda España. Los vecinos, pasado el primer momento de asombro, aprendimos también su valor y hoy se han conservado y restaurado en las casas para personal uso y disfrute. Angel y Chon tenían en su bar una buena colección de antiguedades muy interesantes. Entre los anticuarios más destacados recuerdo a mi tío Juan Sastre, de Boñar, con su Isocarro; también los gitanos cultivaron este comercio.

Seteros. Las setas comenzaron a recogerse para Antibióticos de León. Fuera de ello, simplemente se recogía ocasionalmente  en los setales la seta de San Jorge en Primavera para hacer jugosas tortillas. Pero, de repente, aparecieron los compradores de setas e intermediarios procedentes del País Vasco. Todo cambió: la mayoría de vecinos y foráneos se convirtieron en recolectores de la codiciada seta, que adquiría un precio importante al comienzo de su recolección. Se fueron descubriendo setales nuevos por todo el valle y la afición creció hasta el punto de que en los mas cercanos a la carretera apenas se dejan crecer las setas y muchos seteros guardan con celo el secreto de la ubicación de sus descubrimientos.

Servicios


En un segundo apartado unificamos a  aquellos que nos visitaban para ofrecer sus servicios puntuales. Una lista muy larga, pero no queremos olvidar a nadie.

Hojalateros. Después de la guerra no se tiraban, como hoy, las cosas, ni los cacharros ni la ropa. Todo se arreglaba y remendaba; los que arreglaban elementos metálicos recibían el nombre genérico de hojalateros. Entre ellos destacaba Antón. Con sus sopletes, fuelles y soldadores manuales arreglaban paraguas, canalones, potes, cuernas o sartenes ante la mirada atenta de los niños del pueblo. Durante unos días paraban en portalones o cuadras y completaban su salario con aportaciones caritativas de los vecinos al tiempo que intervenían en las celebraciones del pueblo. Los niños recogíamos las herraduras gastadas, los remates de cobre sobrantes de la instalación que se hizo a la mina, puntas y clavos viejos para venderlos al peso.

Pastores. Durante un tiempo, el pueblo contrataba pastor para las ovejas que unas veces pastoreaba sólo y otras, como en las épocas de parida, acompañado por un vecino. Se le proporcionaba por casas la comida de acuerdo con un peso tasado y podía criar algunas ovejas propias. Recuerdo a Carbache, que vivió en la Fragua con su mujer, hija y varias ovejas, invierno incluido. También Ramón, que tocaba un turullo de hueso para reunir las ovejas en la Barrera. Finalmente Paco, que escribía novelas del Oeste, puso un bar en la antigua casa de Santiago y, vía de correo, desposó con una maestra levantina, donde emigraron ambos y se le perdió la pista.    El trabajo de pastor era duro y aburrido sobre todo en época de lluvia o nieve. Para defenderse del frío usaban zamarras de piel, polainas y llevaban la comida en zurrones de cuero. Por supuesto que trabajaban en fiestas y domingos.

Una modalidad de pastores eran los trashumantes de merinas. Venían desde Extremadura por mayo, con sus burros, impedimenta y familia. Desde Quinta Raneros viajaban andando en jornadas muy duras, pasaban por la Cuerda, cañadas marcadas desde la edad Media, y se distribuían por los puertos y chozos de la zona. A Remolina acudió muchos años Marciano, con su mujer e hijos. En septiembre hacían el camino contrario. Vivían en el chozo, bajaban a amasar al pueblo y algunos niños fueron compañeros de comunión. Compartían con generosidad tiempo y alimentos con los pastores de las novillas, que dormían a pocos metros.

Motriles. No había en Pallide muchos criados o motriles. Provenían en su mayor parte de zonas mas deprimidas o eran huérfanos que se habían recogido en colegios de frailes. Vivían y comían con la familia y realizaban sus mismos trabajos. Una modalidad de criados o motriles eran los caseros que, a cambio de una parte de la cosecha y de la casa, realizaban los trabajos para un propietario. Recuerdo ahora a  Roque y Elvira, que han vuelto como vecinos y a Ulpiano y  Aurora.  Todos ellos vivieron en la casa de tío Juan Antonio.

Canteros. Casi toda la construcción de Pallide es de piedra. Hoy realizan las obras empresas especializadas, pero anteriormente las obras las construían vecinos apañados y los canteros. Se contrtaban por obra y solían proceder de Orones, Viego, Primajas, Ciguera o Boñar y se organizabanr en cuadrilla cuando la obra era de envergadura. Recuerdo nombres como Ciro, Celso, el tío Rojo. Los niños y jóvenes del pueblo actuábamos de “pinches”, acercando piedras y la masa en un receptaculo que se cargaba sobre el hombro llamado “cabra”.

Segadores. La hierba era un trabajo duro y al tiempo había que hacerlo rápido para evitar la lluvia. Eso exigía, sobre todo en familias con sus miembros mayores, el contratato de segadores a guadaña. Se hacía en Viego o en zonas de Galicia. Convivían en la familia, compartían la comida y realizaban el trabajo por días. Algunos vecinos jóvenes realizamos también esa tarea para otros.

Sastres. Aunque en Pallide había sastre ( Sebastián) y modista ( Ester), no daban abasto porque entonces se aprovechaban los pantalones al máximo e incluso la mayor parte se confeccionaban a la carta,de pana y mahón. Las tijeras, el metro de sastre, la máquina de coser eran sus herramientas. Desde Armada ofrecía sus servicios tio Ignacio.

Gitanos. Venían en el otoño, todos los años y casi siempre los mismos, en grupo o clan. Se estacionaban  entre los chopos de las Cuartas. Recorrían el río para cortar salgueras que después “folgaban” para hacer cestos. Las mujeres mendigaban o vendían unas chucherías y los hombres cestos de diferentes tipos. A los pocos días marchaban hacia otro pueblo para repetir su trabajo. Como eran conocidos de siempre no solía haber conflictos de integración como en la actualidad, salvo las precauciones que se tomaban con las gallinas y los huertos.

Hoy siguen visitandonos algunos comprando antigüedades o vendiendo ropa, pero ya motorizados.

Fideeros. Los recuerdo solo una vez. Venían a las casas con unas máquinas semejantes a las maquinas de picar carne. Con harina hacían la masa y distintas clases de fideos.

Los oficios de los animales

Capadores. Aunque a veces lo hacía el veterinario, también anunciban su visita los capadores tanto para los burros y mulos como para los cerdos. A cambio de un precio y con métodos expeditivos dejaban tranquilos a los machos de la zona.

Inseminadores. Durante mucho tiempo la reproducción de los vacunos estaba a cargo del toro, que vivía en el toril, cuidado por un responsable durante todo el año. El animal cumplía su misión  junto al pilón, dirigido por su cuidador ante la curiosidad del público, sobre todo infantil. Pero caundo ya el toro desapareció por no resultar rentable y se impuso la selección genética de la cabaña vacuna para mejorar la raza de carne y leche, aparecieron los veterinarios inseminadores, con su guante largo de plástico, su jeringa y su contenedor de esperma congelado.

Controladores. Al comienzo la leche se dedicaba exclusivamente al consumo casero, más tarde se comercializó en forma de mantecas que se recogían y llevaban a Boñar o Vegamian. Luego se inició la comercialización de la leche, primero a escala local, con carros y bidones y después ya con compañías que la recogían primero en camiones, después en cisternas. Al tiempo del ordeño en el caldero se pasó a la ordeñadora, de ella a los tanques congelados para asegurar la sanidad del producto. Para controlar esta producción y que tambien se ajustase al cupo que nos exigía Europa, vigilaba la producción un controlador que recogía muestras y medía capacidades. Recuerdo a Quico el de Reyero.

Pobres. Durante el período de postguerra hubo necesidad, que no hambre. Pero, en general, el nivel socioeconómico de los vecinos del pueblo era bastante uniforme al estar basado en pequeña propiedad privada. Uno podía tener tres vacas y otro ocho, pero ninguno pasaba necesidad. Es típico de los pueblos de montaña a diferencia de las grandes diferencias de zonas latifundistas. Los testamentos siempre hacen alusión a los pobres del pueblo, a los que se daba una comida el día del entierro. Sí debieron existir mayores diferencias a finales del XIX y comienzos del XX, pues, como explica la historia del pueblo, había nobles, hijosdalgo y gente del común.  Pero sí existió algun caso de indigencia, sobre todo en visitantes ocasionales que pasaban por el pueblo de forma sistemática siendo atendidos en orden por los vecinos. Algún nombre me suena como  ……arrias, Antón, etc

Otros

Mineros. En la década de los cincuenta comenzaron a explotarse las minas de forma industrial. Se arregló el camino hasta San Felices para que pasaran camiones, se reforzaron algunos puentes, se instaló una línea electrica, se abrieron en Tresmonte dos bocaminas y varios pozos en otros lugares como el Pozancón, se tendió una red de baldes deslizados por cables desde la bocamina hasta el Cargue y llegaron los mineros, casi todos de fuera. Algunos vecinos también trabajaron en la mina. Sin embargo la mayoría eran asturianos que vivieron solteros o casados en varias casas de alquiler. Tenían fama de gastadores y algunos eran aficionados al vino y a la pelea, pero no reecuerdo más que una muerte en accidente de mina, la de “Benido”. Las minas se fueron abandonando cuando se acabó la “veta”, hoy casi no se nota su entrada, desapereció el templete del cargue, el pozo se cegó y el monte tapó las heridas. En la década de los noventa se intentó nuevamente, esta vez a cielo abierto. Gigantescas máquinas removieron toneladas de piedra, pero no fue rentable. El agujero inmenso que dejaron las máquinas se rellenó con la preciosa “laguna de la mina”

Turistas

Siempre nos visitaron turistas despistados, domingueros que se tostaban inutilmente al sol mientras nosotros lo haciamos con provecho en la hierba o en el trillo. Ahora nos visitan convocados por Internet y pasan su tiempo en la espléndida casa rural, realizan senderismo, hacen ski en San Isidro, visitan los bellos alrededores o disfrutan de la tranquilidad del pueblo.

Afiladores. Venían de Galicia, con su bici, a la que añadían una polea para mover el esmeril. Con su silbato característico llamaban a afilar los cuchillos del pueblo.Después llegaron motorizados hasta que practicamente desaparecieron. Una curiosidad que teniamos todos era cómo soportaban solos su larga estancia fuera de sus familias. Normalmente pasaban la noche en casas fijas de cada pueblo.

Timadores. Al quedar poca población y población mayor tambien nos visitaron algunos timadores haciéndose pasar por empleados del Butano, que venían a realizar una revisión, que cobraban, pero no realizaban. Nos visitan frecuentemente los misioneros de algunas sectas y hay noticias de algunos intentos de pequeños timos, pero, por suerte, casi nunca nos visitaron los ladrones. Un pueblo seguro.

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