el blog y el verano

Miles de perspectivas

EL BLOG Y EL VERANO

Hoy publico la entrada número 55 del blog. Eso quiere decir que durante cincuenta y cinco semanas hemos compartido recuerdos de más de sesenta años. Sé que no ha habido muchos lectores pero que estos se han sentido cómplices y actores junto a las personas, paisajes, palabras, aperos e historias de cada página. Así me lo han transmitido. Con ellos sigo teniendo la deuda de corregir y completar lo publicado.

Mi intención es corregir y completar para pasar todas las entradas a un documento completo que se pueda consultar en el ordenador pero que, sobre todo, pueda leerse como folleto. Y no solo como un reclamo de información turística sino como un manual de recuerdos compartidos que quedarán disponibles para siempre.

La irrupción de Internet ha facilitado mucho las cosas. Aunque a los mayores nos ha cogido ya un poco torpes, me alegra mucho que los  jóvenes, nacidos ya en plena revolución informática, hayan sido los mejores mensajeros del blog para sus familias.

No sabemos cómo será el futuro de Pallide ni de los miles de pueblos que tachonan el amplio mapa de este país nuestro. La realidad parece dura y el futuro oscuro. Cuesta mucho imaginar ahora que el pueblo va a tener más de un centenar de habitantes, que unas decenas de niños recorrerán de nuevo sus calles, que en cada camino y en cada recodo habrá personas con las que echar una charla. Pero la historia da muchas vueltas y, aunque no sea más que por un ejercicio de esperanza, podemos hacernos la idea de un Pallide con los mismos habitantes de los años sesenta viviendo con las tecnologías del siglo XXII.

De todos modos, las nuevas casas que se restauran o construyen, la posibilidad de viajar hasta el pueblo con buenas carreteras, el cariño con el que los jóvenes que ya no han nacido en el pueblo regresan a las casas de sus antepasados, son motivos de esperanza. Y en la mano de todos está mantener y cultivar esta esperanza. Este blog ha querido poner su granito de arena en ese edificio.

Hoy, día de San Juan, en muchos lugares de España se llega a los cuarenta grados, una ola de calor que llaman ahora. Los aires acondicionados trabajan a destajo. En el pueblo, dentro de las gruesas paredes de piedra, se está a diez grados menos; en la sombra del peñón de la Fuente del vaso se puede echar una siesta como se hacía mientras las ovejas sesteaban; por la noche hay que dormir tapados; podemos echar un trago de agua fría sin cloro. Eso es calidad de vida.

Hoy, día de San Juan, hace sesenta años todavía no había comenzado la hierba. Hoy me dicen que casi ha terminado de recogerse, además con una espléndida cosecha. El verano se ha adelantado, como ya hace años. Si el clima ha cambiado en estos sesenta años; ¿por qué no va cambiar la historia?

( Victor y German)

Los vecinos

Ya desde primeros de mayo han comenzado a llegar los que, cual los osos de Pardomino, invernan en la ciudad. Porque en estos momentos los habitantes reales de Pallide se dividen en varios grupos. En primer lugar los que pasan en el pueblo los 365 días del año, constituyen la espina dorsal del pueblo; son sus vigilantes perpetuos; merecen un monumento y la gratitud de todos; han sido unos valientes. Sus animales conservan y enriquecen el paisaje; su trabajo mantiene operativos los caminos y las calles; su actividad sigue manteniendo vivo al pueblo.

En segundo lugar, los que hibernan en las ciudades y llegan cuando los huertos pueden ya labrarse. Yo sé que procuran retrasar lo más posible su marcha por el invierno y cuando ya parten no lo hacen por gusto, sino porque la edad, la salud y el clima son durante ese tiempo mejor atendidos en la ciudad. Sé que se mantienen en invierno contando los días que les quedan para regresar. Aquí pasan el verano y también merecen nuestra gratitud.

Otros, mayormente jóvenes, regresan aprovechando los días de sus vacaciones o de sus fines de semana. Por eso los días festivos y vacacionales hay mas gente, hay más pueblo. Por otra parte algunos antiguos habitantes o sus familias aprovechan algún resquicio para una visita ocasional sobre todo durante el verano. Finalmente, son cada día más los que, sin ser del pueblo, lo visitan como ruta de turismo. Y unos y otros mantienen viva, cada uno a su ritmo, la savia vital del pueblo. Una suerte que entendemos  cuando bajamos a lo que fue Lodares, Armada o Utrero y  comprendemos cómo deben sentirse los que no tienen una referencia apreciable de lo que fueron sus raíces. Y que también entendemos cuando la televisión nos muestra esos miles de pueblos abandonados totalmente, cuyos esqueletos de animales varados en la orilla, imagino que llenaran de melancolía y desesperación a sus antiguos habitantes.

Las vacas en la Laguna

Por eso, somos un pueblo con suerte. No tenemos que olvidar que a finales del XVIII sobrevivimos con trabajo y constancia a un incendio que arrasó casi la totalidad de las casas e incluso de los documentos históricos. Ya se que el peligro de ahora no es un incendio de llamas y fuego sino un incendio de soledad y abandono, pero al fin y al cabo un incendio que puede apagarse y renacer.

Invitacion

Este verano, como todos los veranos, nos esperan buenos momentos de convivencia. Se celebran las fiestas de Santiago y, sobre todo, las Machorras gracias al entusiasmo y la colaboración de residentes y visitantes. A las autoridades tenemos que exigir que las mantengan económicamente y a todos los vecinos perpetuos o temporales, que participen. Me da miedo pensarlo, pero si un día no llegaran a celebrarse las machorras o la fiesta, algo inevitablemente se quebraría…

También ha abierto el bar de Chon y la Casa Rural Solapeña tiene asegurados nuevos visitantes. Son dos circunstancias que sin duda ayudarán.

Machorras

En el blog seguiréis recibiendo información sobre el pueblo y su zona, sobre el turismo y la vida social. Os seguimos esperando en el cálido verano. Aunque estemos de vacaciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *