cazar y pescar en pallide

Con toda seguridad, los antecesores prehistóricos de los habitantes de Pallide fueron cazadores y pescadores. La agricultura de cultivo y el pastoreo es una práctica muy reciente en la historia humana.

Y esos genes primitivos se han transmitido más allá de la necesidad  convirtiendo  la caza y la pesca en una tarea a medio camino entre el placer y la supervivencia. A ella se dedicaban también algunos de los vecinos de Pallide del siglo XX.

Y es que se daban unas condiciones óptimas para ello. Es verdad que la caza y pesca rural se ejercían generalmente fuera de las disposiciones legales y lejos de la vigilancia de guardas y guardias, sus practicantes eran furtivos. También lo es que su práctica choca con las tesis conservacionistas actuales pues  se cazaba y pescaba en toda epoca y a toda clase de animales, de especies protegidas y sin proteger. Y es curiooso observar que con esas prácticas que hoy nos parecen aniquiladoras, siempre había truchas en los ríos, cangrejos en los regueros, perdices en los urzales y codornices en los rastrojos. Hoy, con leyes conservacionistas, con limitaciones legales exhaustivas, con guardas y guardias en cada monte, no hay truchas en los ríos, pocas perdices en los urzales y no cantan codornices en los rastrojos. Resulta curioso y da que pensar sobre leyes, limitaciones y zarandajas proteccionistas.

Comencemos con la pesca.

Trucha común en el río Arianes

En el río Arianes, antes de la construcción del Pantano desde las Cuevas y después desde los Nasos, vivían en agua clara y fría abundantes truchas arco iris. En las primeras semanas del año subían río arriba a la freza, más delgadas, en aguas de la Bargaña y la Puente. Superaban magistralmente el puerto del molino y sus huevas se extendían casi hasta Reyero.  Junto a las truchas, bandadas de barbos nadaban contra corriente en primavera. A estas especies les acompañaban otras de peces más pequeños y, hasta la Bargaña, innumerables cangrejos habitaban bajo las piedras.

El río de remolina

En el río de Remolina, truchas más pequeñas y escurridizas poblaban las frias aguas y se estabilizaban en tres o cuatro pozos más profundos. Incluso en el Reguero, escaso en agua, y en el lago de la Mina se consiguió criar colonias de cangrejos del país.

Las truchas del Arianes eran pescadas fundamentalmente en el molino por un procedimiento elemental: se cerraba la compuerta y cientos de ellas quedaban en seco. Hasta la perra de Melquíades, la Milca, las cobraba en la boca como piezas de caza. Además, algunos vecinos se dedicaban, ya en verano, a la pesca a mano, ayudados de un rejaque, debajo de las piedras o en las cuevas del margen del río. Cuando llegaba agosto el río casi se secaba hasta la Bargaña; entonces era más facil pescarlas, sacando con los motores de riego, el agua última de los pozos del río.

Las del río Remolina, mas esquivas, eran víctimas de los pastores de las novillas y, tambien hay que decirlo, de métodos esquilmadores como la lejía o el veneno.

Algunos vecinos hacían incursiones, sobre todo antes de la fiesta de Santiago, al reguero de Pardomino. Cuando habia pesca abundante, se escabechaban en ollas con aceite y vinagre.

Los barbos, en grandes bandadas, se pescaban con el tresmallo, pero su piel escamosa y sus muchas espinas, los hacían menos apetecibles. Los niños, en el mes de junio, tambien utilizabamos rudimentarias cañas de pescar para los peces más medianos.   Y los cangrejos eran inmovilizados con gran cuidado, generalmente a mano, levantando las piedras y aprovechando su fea costumbre de huir siempre hacia  atrás.

Jabalí en la Matándana

Lo mismo sucedía con la caza. Abundaban las territoriales perdices en todo tiempo; en verano era un clamor el canto armónico de miles de codornices. Entre las aves abundaban los cuervos y grajos, los estorninos, los pardalones, las palomas montiscas, los gayos.  En los últimos años se dispararon los jabalíes y se hicieron más visibles los corzos y rebecos procedentes del Parque Nacional de Picos de Europa. Había varias parejas de liebres y abundantes zorros e incluso varias familias de lobos. Además, en menor numero mostalillas, hurones, algunas nutrias y gatos monteses.

La caza se realizaba básicamente con escopetas de perdigones o postas, según la caza fuera mayor o menor.  Los cartuchos se recargaban en casa para ahorrar. Se respetaban en general  los tiempos de mayor abundancia: las perdices en el otoño, las codornices en los rastrojos del verano, después de Nuetra Señora. Pero se practicaba en todo tiempo. Aprovechando las nevadas y la consiguiente necesidad de alimento, se cazaba el lobo y el zorro a la espera, se rastrea con carne una zona amplia, se ata la carne a una estaca y se espera por la noche en casetas pequeñas con los pies metidos en saco de paja. Incluso se seguían durante horas las huellas marcadas en la nieve.

A las palomas montiscas muy esquivas  se las esperaba en la torre del cargue en agosto cuando bajaban a picar la sal de la escombrera.

Al jabalí también se le engaña con trampas aprovechando su necesidad de revolcarse en charcos sobre todo los mojados con gasoil. A los      tejones, enemigos de los garbanzales,    que tenían sus cuevas en la peña de tía Josefona y en los Canalizos, se les tendía una trampa dentada a la salida de la cueva. A las perdices con trampas de garbanzos unidos a unos hilos en las fuentes de su territorio. A una gran variedad de pájaros pequeños  con “liga”, una sustancia pegajosa que se hacía mascando la corteza de un arbol yque se colocaba donde se posaban; a los pardalones se les echaba abono sobre la nieve y cuando había un buen número alimentándose, se les dispara con perdigón fino.

Unicamente las cigueñas se salvaban de esta persecución, se les tenía y se les tiene un gran respeto. Ni las superprotegidas actualmente aguilas reales ni las especies hoy en peligo de extinción eran indultadas si se ponían a tiro.

En los años setenta la legislaciones europeas, nacionales y locales restringieron la caza a los vecinos de los pueblos, se protegieron algunas especies, se establecieron periodos de veda muy estrictos, se aumentó la vigilancia y el terreno común se convirtió en coto de caza que se saca a subasta anualmente como un ingreso complementario de los pueblos. Y se acabaron los cazadores del pueblo.

El resultado lo vemos hoy: algún bando de perdices, una docena de codornices, una pareja de zorros, ni una sola trucha o pez, corzos débiles huidos del Parque.  El caso de las truchas y peces es un claro exponente de cómo el progreso sin más puede ser destructivo: Al hacer el necesario e higiénico saneamiento de los pueblos, el agua sucia se conduce al río sin depuradora, los jabones de las lavadoras y las sustancias químicas de los abonos contaminan el agua, que antes se bebía a morro,y la dejan esteril durante años. Esperemos que las depuradoras comiencen a funcionar de verdad.

Cazadores prehistóricos de Pallide

Parecen crueles aquellas costumbres de la caza y pesca, juzgadas desde hoy y claramente ilegales comparadas con la legislación proteccionista actual incluso chocantes con nuestra sensibilidad hacia los animales, pero evidentemente sus resultados dan que pensar, merecen una reflexión filosófica  o sociologica en otro momento.

Para los cazadores Santos, Rafael, Melquiades, tío Ramiro y Tiano

Una respuesta a “cazar y pescar en pallide”

  1. Me parece que pese a la proteccion ahora hay mas fusiles en el monte, mas veneno,mas furtivos,mas lazos, la contaminacion de acuiferos ,fuentes y rios es mayor fruto de nuestra sociedad industrial y de nuesro afan de devorar recursos naturales, para asi poder cambiar d movil cada tres meses y de coche cada 2 años.

    No se si los furtivos haran mal, pero tengo entendido que el otro dia por esa zona en una monteria habia 60 puestos , la caza ya no es por susistencia ahora es caza industrial , deporte de pudientes que se dedican a llenar su casa de trofeos y cabezas.
    Saludos.

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